Esa obstinada luz

 

Por fin me he dado cuenta
de que todo en ti me recuerda
a un tren perdido.

Tendí todos los gritos
en los raíles vacíos que siempre supe
que no llegarían a ninguna parte.

Porque “no es de ahora esta luz”,
es tu luz de siempre
alertándome del peligro
que acecha cuando aparejas el aire
brillando tus ojos como peces de luz;
esa obstinada luz
penetrando a jirones por las persianas
resbalando por las palabras
que escribí y no pronunciaré,
esa obstinada luz
llegando en oleadas, deslizándose azul
hasta el alta mar de la locura.

Sigo buscando en el hueco de mis manos
las líneas de la soledad para romperlas.

Esa luz,
esa obstinada luz que no es de ahora…

 

@mjberistain

 

El tercer aliento

 

Eterna
creí la juventud durante el tiempo
aquel en el que fui joven de verdad.
El natural estado
me pareció del mundo y de los hombres.
me faltaba perspectiva.

Poco después temí perderla,
adelanté su duelo, lloré incluso su muerte
en conmovidos versos que a nadie conmovían,
exponiendo a la burla mi sentimiento puro.
Seguía siendo demasiado joven.

Desde entonces,
me he despedido de ella muchas veces
con dolor verdadero.

Y sin embargo, ahora,
cuando por fin podría alimentar
mi temor con motivos razonables,
ya no albergo temor.
Y aunque estoy bien seguro
de que vuelve a fallar mi perspectiva,
desde esta vuelta del camino
se me antoja sin duda que lo justo
sería confesarse agradecido
por lo larga y hermosa que va siendo
la breve juventud.

 

Poema de Vicente Gallego

Imagen: Autor desconocido

 


 

Caligrafía

 

Del Blog Trianarts

 

Ha apoyado la frente en el cristal
frío, empañado, con trasluz de invierno.
Escribe el nombre de ella y, a través
de las líneas que traza con el dedo,
la ha visto en un paraje solitario
con el mar y las rocas en la noche.
Al fondo, las estrellas: de pronto, las gaviotas
alzan el vuelo como un resplandor
al paso de un falucho. Se ha engañado:
detrás de la ventana hay una calle
que el alba hace más triste, sin un alma,
con coches aparcados.
Tras las líneas comienza a amanecer:
el sol naciente borrará ese nombre
en la escarcha rosada del cristal.

Joan Margarit

 

Joan Margarit i Consarnau nació en Sanahuja, Lérida, el 11 de mayo de 1938.
Poeta, arquitecto y catedrático jubilado de la Universidad Politécnica de Barcelona.
Fue Premio Nacional de Poesía por “Casa de Misericordia” y Premio Nacional de Literatura de la Generalidad de Cataluña en 2008.


 

Tempestades

 

 

Me enfrento al brillo voraz de tus ojos
mientras sucede
algo más que el deseo
y las contradicciones.

Se van rompiendo las horas
en pequeños despertares
que perpetúan, en el angosto camino del miedo
a abandonar, la dulce desdicha de las sábanas.

Cada uno tiene sus propias tempestades…

 

@mjberistain


 

Nunca más, Amor

 

Fui la sed
y tu el agua inalcanzable.
Bebí la lluvia ardiente
de mis propias lágrimas.

Fui ofrenda.

Hubiera querido todo
pero también nada de ti.
Fui vertiente y fui vacío
aullando como una loba
en el bosque de las ciudades
deshabitadas

Nunca más, Amor

No soy un ser. Soy una sombra
que persigue el viento, el cuerpo
curvado de una nube errante
y la secreta humedad de su tormenta.

Nunca más, Amor


 

 

 

Si me das a elegir…

 

A esta hora inocente
la luz se sienta
en el umbral de las miradas

A esta hora inocente
los rostros no tienen nombre
mas la soledad no está sola

Hemos nacido y muerto
tantas veces,
tantas veces hemos vuelto
brindando con los vasos vacíos
en la ausencia
que es nunca y es ahora.

Nada tiene sentido,
ni los abrazos crispados
de placer ni el dolor insumiso de la sangre,

A esta hora inocente
si me das a elegir, me quedo contigo.

@mjberistain

 

Poesía; ese verbo hecho tango

 

En algún sitio, que he olvidado, leí esta frase que utilizo como título.

 

Labios ardientes, ya no me acuerdo de ti. Me he abrochado el abrigo, ojalá hubieras llegado antes. He robado una botella de bourbón en la vinatería de la esquina y al salir el tendero me ha lanzado una dura mirada que me ha paralizado. Luego me ha sonreído y me ha guiñado un ojo. He apretado la botella de licor contra mi pecho y he salido corriendo.

La música, ese tango que sonaba en su almacén me ha transportado a otro tiempo,

Trabajaba en los aseos de uno de los parkings de la ciudad. Llevaba un uniforme blanco y un chaleco amarillo fosforescente con una gruesa raya gris alrededor del pecho. En mi recuerdo empujo un carro de útiles de limpieza, incluidos escoba, fregona, cubos y  trapos de colores. Y un pequeño transistor con música y el volumen muy bajo, que prefiero a los auriculares, porque así atiendo mejor a la megafonía y a los clientes.

— Buenos días. ¿Que si me gusta mi trabajo?

— Pues, sinceramente, no. Pero necesito un trabajo a tiempo parcial para poder dedicarme a lo que verdaderamente me interesa.

— Interesante. ¿Y a qué se dedica, aparte de a este trabajo?

— Soy madre.

— Bueno…

— Y escritora.

— Cómo dice?

—Sí, ha oído bien. Soy escritora, también a tiempo parcial, porque cuando salgo de aquí me ocupo de mis tres hijos y cuando ellos duermen yo escribo.

— Y, esa vida le hace feliz?

—Es todo lo que tengo, todo lo que soy y sí, soy feliz.

— Yo creo que usted es un fantasma.

Sonríe.

Después de unos instantes, yo también.

— Vengo habitualmente por aquí y, cada mañana, cuando la veo dirigirse a su puesto de trabajo, empujando su carro, pienso que es usted la persona más profesional, más encantadora y más bonita que he visto nunca. Esa dignidad…, esa música de tango que apenas puede escucharse de ese pequeño aparato y que a mí tanto me gusta. Pareciera que a usted le gusta su trabajo, no me diga que no.

— Y, qué es lo que escribe? —perdone, o le molesta que se lo pregunte?

Le sonrío y le hago un gesto de despedida saludándole con la mano, tratando de evitar responderle. Hablaremos en otro momento —le digo— y entro en el baño de señoras.

Desenrollo unos cuantos metros de papel higiénico y me siento en el banco de madera y escribo:

 

Poesía,
verbo hecho tango
robas mi sueño y me salvas,
a dentelladas, de la obsesión.

Borrachera de amor,
demencial escarnio
girando hipnótico
en lances de locura.

Porque llegaste tarde
sucumbí
al agrio sabor en mi boca
de la indignidad,

muéveme milonga,
muéveme
punzada pasajera, milonga,
hasta que desee acabar contigo
de una vez para todas.

Hoy he robado por ti.

 

@mjberistain
imagen: internet autor desconocido