Epidemia

Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.

Texto: (K.O’Meara – Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800)
Fotogtafía @mjberistain
Poema recibido de Fernando Moreno (SFG)


 

Goruntz

 

SUBIR

Hacia la altura donde desaparecen
todos los vértigos
Hacia la luz donde bailan
todos los colores
hacia el silencio donde duermen
todas las melodías
hacia el relicario donde se guardan
todos los aromas
hacia el jardín donde —inmarchitas— viven
todas las flores
hacia la escalera donde las nubes llueven
todas sus caricias
hacia el mar de la serenidad, el que ahuyenta
todos los miedos.

SUBIR

Hacia Ti, que no sé dónde estás
ni sé si ERES.

SUBIR

hasta desengancharme de esta Noria…
que va y vuelve.

 

 

O. Gregorio
Imagen Antonio Heredia Morante


 

 

 

Travesía

Bajo la misma noche los ojos transparentes y lejanos de una mujer sin nombre y sin estrellas lo miraba. Máscara de su cuerpo fracturado. Su mirada, toda, el ecuador del universo…

Así que no volveremos más a pasear
a tan avanzada hora de la noche,
aunque el corazón sea aún tan amante
y la luna todavía brille tanto.

Porque la espada dura más que su vaina,
y el alma dura más que el pecho,
y el corazón debe detenerse para respirar
y el amor mismo necesita descanso.


Autora: María Navarro (Travesía)
Imagen de Internet (Pixabay)


 

Duración

 

En la alcoba,
en la luz que llegaba de los faros
de todos los puertos
de todos los continentes

se movían los mares, los océanos
los árboles y matorrales
los pájaros nocturnos por todas partes

La duración no estaba vinculada al amor
de los sexos
sino a las cosas sencillas, a los momentos
que no tienen importancia,
acariciar un rostro querido, escuchar el vacío
de alguien que te falta,
pensar en el niño que fuiste y seguir siendo amigo de ti mismo…


Alteraciones sobre el poema La Duración de Peter Handke
(Premio Nobel de Literatura 2019)

 

 

Vientos de otoño

 

Sobre la arena

La sangre quiere sentarse.

Le han robado su razón de amor.
Ausencia desnuda.
Me deliro, me desplumo

¿Qué haré con los hilos enredados en mis sienes,
qué haré con los sueños que se lanzan
silenciosos a volar
—sus alas rotas—
tras los vientos del otoño?

@mjberistain
Texto en cursiva de A.Pizarnik

 


 

Me basta así

Poema de Angel González

De Palabra sobre palabra (1965)

 

Si yo fuese Dios y tuviese el secreto,
haría un ser exacto de ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir: con la boca),
y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor,
y tu manera de sonreír, y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro:
pongo tanta atención cuando te beso—;
entonces, si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero aclarar
que si yo fuese Dios, haría lo posible
por ser yo mismo para quererte como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
yo, mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado
cuando —luego— callas…

(Escucho tu silencio,
Oigo
constelaciones existentes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)

 

Fotografía Pepe Ponce