Roble

 

Para que yo pudiera vivir aquí
para que mi ser pesara sobre el suelo
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo,

solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos…

(palabras de Angel González de su poema “Áspero mundo” de 1956
Fotografía @mjberistain

 

Sotto voce

Escúchame: en voz baja,
en la noche, a escondidas,
y sin usar tu nombre
para que nadie me lo vea en la boca,
esta vez para siempre —¡oh, dioses!—
te digo adiós

                                          pensando
agazapadamente
que quizá en otra noche menos bárbara
te traigan a mis manos
el azar o el demonio.

 

Félix Grande
Imagen: Schommer


 

Las cuatro de la madrugada

Merece la pena “escuchar” este poema recitado publicado en el blog poeteSSen

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.

 

Polonia (1923 – 2012)

Armonía

 

Respiraban los montes. Entraba la luz suave desde el jardín

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La quietud engañosa se movía invisible germinándolo todo,
madurándolo todo…

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Sin que apenas los labios se moviesen, le dije a esa luz:
quedar aquí o allá, pero donde se siembre la armonía…

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¿Hacia dónde miráis —nos pregunta la Orquídea—, si no es hacia la Luz?


 Palabras del Libro de la mansedumbre, de Antonio Colinas
Fotografía MJBeristain


Amarres

Reblogueo esta entrada de Poetas Nuevos que a su vez utiliza esta magnífica y sugerente fotografía de Leo De la Torre. Gracias a ambos por permitirme mostrar su gran trabajo que tanto admiro.

Poetas Nuevos

Y casi al terminar Abril de este año , Leo nuevamente me sorprendía, https://leodelatorre.net/2016/04/28/amarres/

¿Qué sería de la embarcación sin sus amarres?

Déjame a la deriva
y la mar me recuerde,
grande pero frágil,
oxidado de obstinado,
despedazado de inútil,
flotando pero olvidado.

Será la belleza de tus amarres
la que me haga volver
después de visitar siete mares
a tus cuerdas recaer,
calando hondo el anclaje.

Será el trenzado de tu acero
el refugio del mío,
será la tensión de tu vida
sujetando la mía,
y así evitar ser presa del mar
mientras vivan tus amarres,
del mar sólo seré amante.

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Un extraordinario artista menor

ANDRÉS TRAPIELLO escribe sobre “UN PINTOR de provincias”;
del pintor italiano Giorgio Morandi nacido en Bolonia (1890-1964),
considerado uno de los mejores del siglo XX en su país.

 

“GIORGIO MORANDI pintó, a lo largo de su vida, (según Andrés Trappiello), tres cuadros: un bodegón, un paisaje y un jarrón con flores.

Hoy recupero algunas de sus frases sobre el trabajo del artista en lo que se refiere a sus bodegones.

El bodegón para el que Morandi ha allegado tazones, jarras, loza con cenefas azules, conchas de pliegues luminosos, con el Tirreno dentro, resulta siempre misterioso, recoleto, dejado allí no por su mano, sino por el oleaje de la vida. Están y no están en él las cosas. Parece como en esas mesas, después de la comida, aún por recoger, en su desorden natural, que nada de cuanto contiene va a durar mucho tiempo, como si alguien, de pronto, lo desmontara todo y dejara la mesa limpia, contra la severa pared del fondo. Los cacharros en él parecen accidentales y todo nos advierte del paso del tiempo, como esa servilleta de lino blanco al lado, no doblada, que el huésped, al levantarse, ha dejado así plegada de esa forma, para luego volver o no volver ya más. En el fondo de sus tazas, que no podemos ver, sabemos que queda un poco de caldo, dorado y frío. En las botellas, de cuello largo, de panza ancha, puede verse aún algo de chianti áspero del color del coral, pero ya oscuro, como si la luz de la tarde pasara a su través y le dejara triste. En ese bodegón todo es usado, todo tiene la forma de lo común y diario.

Aunque Morandi tiene algunos cuadros, de los primeros que hizo, muy bien ordenados formalmente, al modo de los barrocos, de Chardin, de Zurbarán, es decir, de los maestros del género, poco a poco se fue amanerando, y terminó ingeniando diseño italiano, como si más que pintura, estuviera haciendo propaganda de la loza, de la vajilla.

Para los bodegones entonaba antes, pintándolos con óleo, los cacharros que iban a formar la naturaleza muerta. Pintaba el vidrio conforme a la tonalidad general del cuadro, según le convenía. Luego, cuando terminaba ese cuadro, volvía a pintar la botella de otro color, para el siguiente lienzo, y así con toda la batería.

Morandi pintó variaciones sobre el mismo tema aunque entonó siempre bien sus obras,
Fue un extraordinario artista menor.”

En otro momento hablaremos de los paisajes y de las flores.

Trapiello, de la obra de este artista, dice que “son los Aguafuertes los que mejor le representan, lo mejor de él. Solo en los Aguafuertes dice haber encontrado Trappiello emoción y verdad.”

Imágenes tomadas de internet de algunas de sus Naturalezas Muertas “Naturas mortas”

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Recomiendo visitar el enlace siguiente: https://elviajero.elpais.com/elviajero/2014/11/27/actualidad/1417092115_703573.html


 

Las matemáticas, esa ciencia inexacta…

 

Existen números en mi alma
que todavía no comprendo.
A.Gamoneda

 

Esa cereza que has puesto
con tu boca en mi boca
se ha convertido en
letras y números que deslíe mi saliva
y con sus quebrados y barras y paréntesis
me recorren como himno radiante,
íntimo vuelo de gorriones,
olas tumultuosas saltando por encima
de todos los riscos y los escollos
de las matemáticas.

Clara Janés (De el nudo de los vientos)