Quién podría decir…

¿Quién podría decir que es suya su voz
que es suyo el viento,
suya la luz, el canto de las aves
en el que esplende cada primavera, más cuando
llega la noche y en los chopos arde
tan peligrosamente retenida?

¡Que todo acabe aquí, que todo acabe
de una vez para siempre!

La flor vive tan bella porque vive poco tiempo
y sin embargo, cómo se da, unánime,
dejando de ser flor y convirtiéndose
en ímpetu de entrega…

 

Fragmento de Claudio Rodriguez
Imagen Acrílico de Marivi Nebreda


 

Cenizas

 

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre…


Cuarto solo

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.


Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.


Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


Hija del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

 

Alejandra Pizarnik
Publicado en la Revista Literaria Zenda
Fotografía MJB de Escultura de Chillida

Fue una de las grandes voces de la generación del sesenta. Considerada como una de las poetas surrealistas más importantes de Argentina y América Latina. 

 

 

Dónde está mi amor

Con mi agradecimiento a NELMORAN por su autorización para compartir sus palabras.

 

Dónde está mi amor, dónde, que subí a las nubes y no encontré más que fuego dentro del alma, sueños rotos por su ausencia, oscuros sentimientos llenos de hielo silencioso en las manos que me tendrían que acariciar. Dónde está mi amor, dónde, que bajé a la tierra y las hormigas huían según me […]

a través de DÓNDE ESTÁ MI AMOR — deseo indigno

Lo que sé

 

 

El Blog de Arena

Sombrero

Lo que sé

Sé un par de cosas.
Lo digo con toda modestia
y también,
con algo de no fingida inmodestia:
Sé un par de cosas.
Porque eso, después de todo,
es lo que tienen que dejarnos los años:
alguna cicatriz, un par de moretones,
varias arrugas en las comisuras de los labios,
un olvido, o dos, o tres,
el polvo en la suela de nuestras sandalias
y las noches compartidas.
Sé, lo digo con modestia e inmodestia,
un par de cosas.
Por ejemplo sé cuándo callar
e irme
saludando
con un ligero gesto del sombrero.

®Borgeano

Ver la entrada original

En la isla

 

En la isla a veces habitada de lo que somos,
hay noches mañanas y madrugadas en las que no necesitamos morir.
Entonces sabemos todo lo que fue y será.
El mundo aparece explicado definitivamente y nos invade una gran serenidad, y se dicen las palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra y lo apretamos entre las manos.
Con dulzura.
Ahí se encierra toda la verdad soportable: el contorno, el deseo y los límites.
Podemos decir entonces que somos libres, con la paz y la sonrisa de quien se reconoce y viajó infatigable alrededor del mundo, porque mordió el alma hasta sus huesos.
Liberemos lentamente la tierra donde ocurren milagros como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es de momento la vida.
Que eso nos baste.

 

José Saramago.


 

El tercer aliento

 

Eterna
creí la juventud durante el tiempo
aquel en el que fui joven de verdad.
El natural estado
me pareció del mundo y de los hombres.
me faltaba perspectiva.

Poco después temí perderla,
adelanté su duelo, lloré incluso su muerte
en conmovidos versos que a nadie conmovían,
exponiendo a la burla mi sentimiento puro.
Seguía siendo demasiado joven.

Desde entonces,
me he despedido de ella muchas veces
con dolor verdadero.

Y sin embargo, ahora,
cuando por fin podría alimentar
mi temor con motivos razonables,
ya no albergo temor.
Y aunque estoy bien seguro
de que vuelve a fallar mi perspectiva,
desde esta vuelta del camino
se me antoja sin duda que lo justo
sería confesarse agradecido
por lo larga y hermosa que va siendo
la breve juventud.

 

Poema de Vicente Gallego

Imagen: Autor desconocido