Goruntz – III

 

De quién fueron los gestos,
de quién las palabras sonoras y los elocuentes silencios,
de quién las miradas impúdicas y salvajes
de qué desesperados la fuerza de las pasiones
más oprobiosas y delirantes.

Y vos que miráis con recelo, sin admitir que los dioses
no defienden a los pobres, a los inocentes ni a los niños
¿de qué vais vestidos?, vuestras túnicas de sedas
y doradas cadenas hacen a vuestro paso demasiado ruido.

Mejor comprendierais la alegría de l@s muert@s
antes de que llegaran a vuestras salas de altos techos
y maderas nobles. Vuestras gafas llevan a veces niebla
en los cristales y los libros, que fueron escritos
hace siglos, duermen en los estantes.

De quién es el pecado, de quién la inocencia,
de quién la indiferencia, solo Dios lo sabe.

Yo solo pido:
abrir las ventanas que cerráis a cal y canto,
bajad al asfalto, a las cantinas, a los arrozales,
escuchad el rumor de los corazones apagados
y unir vuestras fuerzas al clamor de las calles.

 

 

 

Cuando tuve frío

No hubo tiempo de beber de sus pechos
conmovidos; era cuando tuve frío

vagaba errante el placer por todas partes
suspirando silvestres encajes
de caricias bajo la brisa de los sauces,
yo sólo preguntaba

¿quién, y dónde?

más allá de los inviernos,
ciega a los labios inflamados de las flores,

sombras saciadas de tristeza se esfumaban
con cuencos de lluvia entre las manos
mientras yo bajaba al río para atarme las sandalias.

 

@mjberistain
imagen: Juan Carlos Mestre de la exposición “Amanecidos por el agua”


 

Fugitivos

 

 

Mientras seamos fugitivos

que apaguen la luna y las leyes
que se inclinen los faros
de todos los puertos,
que estalle el corazón en mil pedazos
y el sol cubra de cobre las calles
y mis zapatos.

dame un jugoso rayo de luz
y seguiré navegando.

 

@mjberistain

 


 

Cráteres

Antes de que se cumpla la primavera de los besos
quiero que sepas que existe un camino a la deriva entre las flores
y un manantial de luz que se mueve entre los gestos y gotea con el exacto sonido,
definitivo, de una lágrima que se estrella contra el suelo.

Qué haremos con las sombras de lo que fuimos cuando llegue el desaliento,
qué haremos con el alborozo de los espejos
cuando tu piel y mi piel se rasgaban al filo de la lujuria lacerante de los andenes.
Qué haremos con la pasión desgastada tendida al sol como un viejo vestido de novia.

Qué haremos con el silencio sembrando cráteres de cenizas y oscuridad
donde antes florecía el fuego. Qué haremos con los abrazos tatuados, con las huellas
que dibujábamos en los caminos y que alguien —que no seremos nosotros—
pisará si se abrirán fauces insomnes de un dolor azul infinito.

Qué haremos con la alegría del perdón cuando ya el amor no nos pertenezca.

@mariajesusberistain
fotografía de Steve Zasadny


Luces de papel



Observo tus pequeños dedos rompiendo los papeles de colores,
deshaciéndolos en círculos, color azul y color naranja
porque te dijo un día mamá que esos colores se querían,
fresa porque es el yogur que le gusta a tu hermano,
verde porque adoras los trajes de camuflaje
y el color de la piel de los dinosaurios,
amarillo que te suena a helado de vainilla
y el rojo,
que te recuerda al fuego que sale por las fosas nasales de los monstruos
que pueblan a veces tus sueños y los tebeos de tu abuelo.

Es la noche de cristal,
hemos colgado las luces de papel por todas partes,
la luna nos sonríe y nos vamos a dormir.


@mariajesusberistain

Rumor para una canción de cuna

Hubiera querido estar contigo aquella tarde
la lluvia y la luna limpiaban el cansancio
de un nocturno casi consumido.

Hasta el diablo asomó su morro sobre el cerro
creyendo que era a él a quien esperabas.

Tantas veces te preguntabas a qué venía ésto,
a qué la vida sino desengaño, tus heridas
lacerantes susurrando espanto
mientras amamantabas a los hijos de tu vientre
amordazados hasta la intemperie de tus sueños
y que luego se dormían sobre el barro
tus manos delirando caricias en su piel renegrida
que a veces adornabas con guirnaldas de flores blancas.
Porque pensabas que la ilusión era vivir
un futuro que no sabías cómo explicárselo.
Era el destiempo en tus pechos persiguiéndote
como un calendario solemne hacia la muerte
en cualquier lugar, lejos de los nombres
todavía palpitantes de otros cuerpos
que se abrazaron a las brasas de la incivilización.

Nada esperabas, los desiertos, las zarzas
las escombreras y la sed reduciéndote
a una realidad de despojos amantísimos.

Ayer supe que habían encontrado tu cuerpo
sin edad, dormida, desorientada
con un trozo de mapa arrugado entre las manos.
Quién dijo que el mundo era pequeño como un pañuelo
y que la caridad se anunciaba en cada aurora
y el amor no había que pagarlo,

y después…

esa luz de tristeza y ese silencio en el bosque de agua
—rumor para una canción de cuna—
que se emitiría en los informativos de los países pudientes.

Pensaste que quizás,
solo así y solo quizás,
fuera posible que tus hijos sobrevivieran.

@mariajesusberistain