Ha rolado el viento a Norte

Ha rolado el viento a Norte,
en estos tiempos ya uno no sabe
si cambiar de máscara o cambiar de piel,
si volver a la casa que habitaban
pretéritos distantes o desertar
con un solo puñado de luz entre las manos.

Unas décimas de segundos antes
todo era distinto, liviano entonces
seductor como el brillo de una mirada
desnuda dialogando sin palabras
porque no eran precisas para entenderse.

Decía el poeta que…
“toda belleza esconde sus trampas…”

@mjberistain


 

Armonía

 

Respiraban los montes. Entraba la luz suave desde el jardín

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La quietud engañosa se movía invisible germinándolo todo,
madurándolo todo…

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Sin que apenas los labios se moviesen, le dije a esa luz:
quedar aquí o allá, pero donde se siembre la armonía…

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¿Hacia dónde miráis —nos pregunta la Orquídea—, si no es hacia la Luz?


 Palabras del Libro de la mansedumbre, de Antonio Colinas
Fotografía MJBeristain


Tú eliges

 

Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.

A. Pizarnik

 

Tiemblan las madrugadas entre las sábanas del silencio.
No sabrás nunca que me abrazo al vacío como un náufrago
cuando solo se escucha el rumor de las telarañas por los rincones,
mientras tejen con finos hilos las cadenas que te atan a mi soledad.

Te diría que la noche ha estado llena de rostros ausentes.
Delicadamente levantaban la máscara de oro de Tutankamon,
y no pude atreverme a mirar al fondo del hueco de sus ojos
donde soñé que aguardabas, en la locura del lenguaje más impuro.

Que ya no siento sed cuando miro al mar,
que entre las rocas solo queda el fulgor de un sol que muere
y el estruendo de la música de las algas
cuando se acaba otro día más sin saber de ti.

Un velero vuelve despacio, como si un corazón regresara
cansado cada tarde a casa.

Te diría que ya no siento sed cuando oscurece
porque sé que las fuentes se apagan por las noches.

No sé si tú volverás pero ya ese futuro no me importa,
me quedan tus vocales encendidas bajo la paz de mis párpados,
el oscilante cuerpo del amor en el que te recuerdo,
y aquel fuego en el fondo del miedo al mañana que ocultábamos entre los besos,
y que se cuela ahora entre el polvo de luz por las persianas.

 

@mjberistain

 

 

 

 

 

 

 

El llanto de la loba

Se quedaron helados los pétalos
de las flores del jardín.
Como una dama solitaria
en dulcísimo sueño
yace su florecer en el silencio.

Sobre el asfalto hay sombras
de sangre y lunas rotas.
Adentro, se escuchan tristes
melodías de Chopin
empañando el aire por los espejos.

Se han desatado los miedos al alba,
como perros desbocados despiertan
de sus jaulas con ofrendas
a las reinas de las brumas.

Muy cerca llora la noche una loba herida
entre incandescentes cenizas.

@mjberistain


La fugacidad de las pasiones

 

Quizás no supo ver más allá de las miradas,
es posible que la niebla ocultara la ambición
de un corazón de esposas muertas

y dejó sobre la tierra, encharcadas,
bridas de oro bordadas con hilos de seda
salvajes caballos alados de color blanco
arcos iris fugaces y aires de verano

el tiempo emborronaría los sueños
los lugares, las alegrías y las pasiones
las farmacias que permanecían
abiertas las noches de camas vacías
y el papel de las paredes que ya no servía
para escribir cartas de despedidas.

@mjberistain


 

 

 

 

Abrazos abandonados

 

(Migración)

Llevo una herida que no sangra
A veces duele dulcemente
cuando me miro a los espejos
y pienso que la vida es solo un capítulo
breve de algo que nadie entiende,

A veces duele sin compasión,
tiñe el día con el color plomizo
de las bombas agazapadas
entre las ruinas de la memoria
y se hace difícil respirar.

Llega otro amanecer batiendo aguas
niños solos, mujeres, hombres
que lamen las costas, las rocas
las playas ajadas de sol y soledad.

La muerte acecha y jirones
de banderas ondean lacias
por los pasillos
y los salones en fiestas de guardar
entre baúles y ataúdes de abrazos abandonados.

 

@mjberistain


Nota: La imagen está tomada de “lahorabruja2010.blogspot.com”

 

 

Libera-me

 

Se llenaron los espacios diáfanos
de dudas y de incertidumbres, todos.
Sonoros pasos arrastraban flecos
deshilachados de fidelidades,
de tatuajes tiñendo el negro pulso
tembloroso de los honorables.
de trompetas acallando las voces
desde los flancos anticlericales.

Y el silencio sonó casi como dolor
y desconsuelo poderosos.

Qué triste de tanto sentir
darse cuenta de que nada tiene sentido
y plegarse a la puerta entreabierta del amor
envejecido,
si lo que quisieras
es descerrajar las pestañas que ocultan
con obscenidad miradas impúdicas
por los pasillos
como actrices de una ópera no solemne
—de sainete—
en el delicado laberinto de pasiones
y partituras de alas rotas.

@mjberistain


Nota:
El título de este poema hace referencia a una parte de la Misa de Réquiem de Verdi.