Largo exilio

Saber que me añoras no es un lugar
para comer de tus manos peregrinas,
ni la intemperie una circunstancia
que me amarre al dulce festival
de tus palabras como a una tabla de náufrago.

Renunciar puede ser un acto de amor,
inmisericorde, pero acto de amor, al fin.

El resultado de un largo exilio
entre tu pecho y el mío
cuando ya nada estremece,
ni tan siquiera el roce aventurado
de tus manos hurgando en el bolsillo de mi abrigo.

Porque hay distancias que de tan cercanas duelen,
como la fría luminiscencia del neón por los tejados
o la intermitencia cansina de los semáforos sin alma
cada vez que te busco por las ciudades del mundo
y renuncio,
porque no sé cómo explicarte que no quiero encontrarte.

@mjberistain


 

Más allá

Mis brazos insisten en abrazar el mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde…
A. Pizarnik

 

Volver al paisaje desangrado
para rasgar las dulces vestiduras
de la desesperanza.

Y en las mañanas soleadas
volver al jardín de las lágrimas,
desnudarme del miedo a la soledad
y bailar con la música del viento
hasta abrazar la desmemoria
entre el aleteo de las flores más frescas.

@mjberistain

 

La ternura por los sofás

 

Dejaré que los sofás ahuequen los signos de la desesperanza
que la ternura salte por encima de las camas
y las almohadas y las alfombras vuelen
desafiando a los vacíos.

Otras luces llamarán a las puertas de los desheredados como tu y como yo
las risas sortearán las ramas deshojadas de los efímeros inviernos
habrá música insomne, imperfecta dicha de los que están naciendo
ante los ojos del mundo enmascarado, hasta su suerte, Amor… hasta su suerte.

Jubilosos versículos recitarán los titiriteros en las fiestas de guardar,
alcanzarán el arco solar, alimentarán nuevas células y su inacabable procreación.

Ser, ¿hasta dónde?, ¿desde dónde, Amor?

Somos moléculas ínfimas de un espectáculo cósmico. No hay inconveniencias. Somos movimiento. Somos aire, briznas de nada suspendidas ante la metamorfosis de los planetas.

Cenizas… Y lluvia,

Volver al filo de la nada, a la invariable incertidumbre de la eternidad, a la invariable certidumbre de la muerte, a la única verdad, al silencio absoluto.

¿A qué te aferras, Amor?

A las manos de una madre que acaricia con última debilidad las de su hijo… mientras
su alma se desliza sigilosa hacia la nada…

 

@mjberistain
imagen de internet


 

A qué sabe tu voz?

Bebo un trago de noche
las luces apagadas por las plazas.
La luna no calienta y huyo
de las llamas que enciende la nieve
en el silencio
que habla de cenizas.

Apenas tres minutos
¿a qué sabe tu voz?

Por debajo de la música, háblame
en voz muy baja
entre los pliegues de cualquier piano.

Será demasiado breve
por eso quiero hundirme, clavarme
en el centro de la quimera más audaz.
En la imperfecta pulsión
de un poema
que no traiciona nunca.

@mjberistain
Imagen de Liliana Porter

Náutica

De Este a Oeste
viento a favor sobre el fondo azul de la memoria
y el azul incierto de un cielo que se derrama
sobre el Océano; 
sobre lo nuevo.

Aves
           Velas
                       Espumas
                                           Rizadas
Blancas.

@mjberistain

Roble

 

Para que yo pudiera vivir aquí
para que mi ser pesara sobre el suelo
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo,

solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos…

(palabras de Angel González de su poema “Áspero mundo” de 1956
Fotografía @mjberistain

 

Sotto voce

Escúchame: en voz baja,
en la noche, a escondidas,
y sin usar tu nombre
para que nadie me lo vea en la boca,
esta vez para siempre —¡oh, dioses!—
te digo adiós

                                          pensando
agazapadamente
que quizá en otra noche menos bárbara
te traigan a mis manos
el azar o el demonio.

 

Félix Grande
Imagen: Schommer