Analogía

¿Qué es el mar? ¿Lejanía desmedida
De anchos movimientos y mareas,
Como un cuerpo durmiente que respira?

¿O esto que más cerca nos alcanza,
Batir de azul en la playa que brilla,
Donde el agua se hace aérea espuma?

¿Amor será la conmoción que recorre
En lo rojo de la sangre las venas tensas
Y los nervios eriza como un filo?

¿O mejor ese gesto indefinible
Que mi cuerpo transporta hasta el tuyo
Cuando el tiempo recoge a su comienzo?

Como es el mar, amor es paz y guerra,
Ardiente agitación, calma profunda,
Rozar leve la piel, uña que se aferra.

 

José Saramago


 

Agua

Toma este vaso de agua clara que da miedo al contemplarla
tan transparente, tan temblorosa, tan sencilla,

Toca su cuerpo de miedo y besalo, entra en él y escucha
la risa centelleante en los lunares tan próximos a su sexo.

Abre la puerta de la vida, audacia será la llave, no cobardía
ni estéril recuerdo, ni siquiera olvido adulador.

Camina por sus calles cuando arrecie la lluvia y cuelguen
de las paredes su rendición las banderas blancas.

Que ya secará el sol el miedo a este pequeño amor.


(Variaciones sobre poema de Claudio Rodriguez)

CV-19

Un clamoroso silencio de pájaros caídos
albergará la piedad de la madrugada
mientras la humanidad se desangra
por las vertientes desconocidas del vacío.

Demonios y vampiros esperan afuera como lobos hambrientos.

La luna es un alma herida
que asesta sombras como cuchilladas
y hay gatos negros solitarios vagando
por la crueldad congelada de las calles.

La bendición Urbi et Orbi de un dios que salva
se posa sobre los restos cuajados de corazones
dolientes a la espera de resucitar
de la pena de pasillos de las más oscuras noches.

Quizás fuimos dignos de semejante esclavitud,


@mjberistain
Fotografía: Ignacio Pereira – Puente de Brooklyn



Palabras previas

Sobre el sigilo verde de los campos
sestea la brisa y casi suscita
presentida, la caricia inasible
del agua súbita.

Se aquieta la alegría en la distancia,
en un instante sueña y se entristece
y una sed sucesiva reúne
lluvia y llanto.

Como un veneno lento nos invade
impune la fragancia de la vida,
hay una bruma que tiende su manto
sobre la desnudez de los castaños
y una muerte muy íntima que viste
de encajes tímidos los almendros.

Las palabras contienen su naufragio
en la piel primitiva de los labios.
Somos un gozo invisible
pero se nos caen los besos huérfanos
sobre las luces impuras, huidizas
de otra tarde.

Hay un lento pudor que aguarda
entre las brasas la llegada dócil
de otras madrugadas y se recuesta
la costumbre en nuestros ojos. Un viento
borda breves soledades y sangra
la memoria sobre los tejados.

Hay una guerra afuera
cuerpo a cuerpo frente al tiempo
y cuando todo termine,
—dentro de un momento—
y apenas quede mar en nuestras venas
ni sean ya infinitas las mareas,
alguien nos examinará de amor
y entonces, solo entonces comprenderemos
que no había ningún después para nosotros.

@mjberistain
De mi libro “Apuntes de Salitre” – Edic. Vitruvio 2018


Epidemia

Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.

Texto: (K.O’Meara – Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800)
Fotogtafía @mjberistain
Poema recibido de Fernando Moreno (SFG)