Me basta así

Poema de Angel González

De Palabra sobre palabra (1965)

 

Si yo fuese Dios y tuviese el secreto,
haría un ser exacto de ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir: con la boca),
y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor,
y tu manera de sonreír, y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro:
pongo tanta atención cuando te beso—;
entonces, si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero aclarar
que si yo fuese Dios, haría lo posible
por ser yo mismo para quererte como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
yo, mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado
cuando —luego— callas…

(Escucho tu silencio,
Oigo
constelaciones existentes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)

 

Fotografía Pepe Ponce


 

 

 

 

La mitad de mi

Lo malo de sobrevivir es que consiste en perder tanto como ganas. Lo malo de ir avanzando es todo lo que dejas atrás. Llegas a cualquier parte y el sitio del que saliste empieza a parecerte mentira.

Separarse de algo es como partirse por la mitad, te convierte en dos personas diferentes, una que se queda con su propia historia, con los los recuerdos; tuvo amigos y quizás  enemigos, escribió algún libro, viajó bastante por ciudades de otro tiempo, estuvo a punto de morir dos veces, alguna tarde conoció a Lou Reed…

Y la otra parte que no tiene nada, pero que se ha quedado con su nombre, con sus libros, con su casa, con sus dudas…

Y ya vale para empezar de cero y no querer ser la parte de nada.

Quizás escriba alguna vez sobre algo que la otra parte dijo que soñó una noche: estaba en un lugar desconocido y había una tormenta de nieve: la vio caer durante horas, tal vez durante años; la vio tomar las calles y los tejados, acumularse poco a poco sobre sí misma; al fin salió el sol y al deshacerse la nieve apareció debajo una ciudad distinta, un mundo nuevo, más limpio, idéntico a un poema sin tachaduras o a un cuerpo sin cicatrices…

 

variaciones sobre texto de Benjamín Prado
Escultura Chillida

 

El viaje

Hay nubes que rompe en finos hilos la madrugada,
nácar que cubre el paisaje de húmedas fragancias
como llanto que se desborda  silente
al límite de miradas sospechosas.

 

Pensaba en el viaje.

Toda la semana había estado pensando en marcharme. Los viajes tienen algo de renovación, siempre. De búsqueda (inquietud) de nuevos espacios y personas, de vivencias nuevas, de encuentros, incluso y especialmente con uno mismo (de hablar solo), de que sonreir no sea solo una respuesta a algo amable o divertido que a alguien se le ocurra expresar en tu presencia, sino a una íntima sensación de agradecimiento a la vida, de una liberación íntima (sin excusas).

De un viaje se vuelve, o puede ocurrir también que uno no vuelva…

Fue la pastora quien dijo: “ése es el único viaje que no quiero hacer”. Se refería a llevarle a Joxé a una residencia de ancianos. Dijo: mientras yo pueda con él… Y podía con él al que aseaba con mimo cada día y conseguía sacarlo del dormitorio y casi arrastrarlo hasta el porche y sentarlo en su silla preferida de toda la vida, eso sí, ahora lo dejaba atado para que no se deslizara sin darse cuenta y se cayera al suelo y se hiciera daño mientras ella atendía a los animales. Y podía cada día con sus cuatrocientas ovejas y con su perro viejo al que adoraba; y él a ella. Y así llevaban más de cincuenta años, pastoreando por los valles del país, monte arriba, monte abajo.

Un precioso rincón con flores al lado de un hayedo era su pequeña parcela —sin acotar— en las inmensas campas al pie del Aitzkorri*. Allí habían construido una pequeña borda para el verano —porque el invierno lo pasaban a refugio en el caserío a varios pueblos de distancia de la montaña—. En ella podían abrigarse de la lluvia, de la niebla y de las tormentas que les visitaban con frecuencia. También sus hijos y sus nietas les visitaban con frecuencia. En la chimenea de piedra  latían los rescoldos de un buen fuego. Afuera, solo una valla liviana marcaba el territorio de los animales desde donde nos miraban apacibles. También era su hogar.

El camino es duro, pendiente y rocoso. Me digo: —el viaje es el camino.

Y dice mi conciencia: —Atrévete…

Atreverse, atreverse… a andar, a compartir, atreverse a amar… “La medida del amor es amar sin medida” frase que llevo tatuada desde niña en el corazón. (Esto lo dijo un hombre conocido por su santidad, quizás fuera San Francisco de Sales)

¿Y la niebla?

Después vendrán las consecuencias. Magulladuras…

“Arriesgas mucho en todo y luego pasan estas cosas, pero eres fuerte y lo superas, sabrás salir adelante” —me dirá mi gran amigo Iñaki—.

Zuk zer dezu Arantzazu, amets kabi, otoitz leku………*

El bosque de hayas está cubierto de hojarasca húmeda y brillante que el viento ha ido acumulando. Cae al abismo entre trozos de árboles rotos y rocas sueltas.

Nadie antes ha pasado por aquí…

Viajar de vuelta, hacia mí misma… lejos, a salvo de mí

 

 


*Aitzkorri.
Montaña de 1.528 metros de altitud situada en Guipúzcoa, País Vasco.
A sus pies se encuentra el Santuario de la Virgen de Arantzazu y el pueblo de Oñate.

  • ¿Qué tienes Arantzazu, nido de sueños, lugar de oración…?

 

@mjberistain


 

Muchacha saliendo de la bañera

 

Medio envuelta en una toalla
con los labios aún temblorosos
y la mirada confundida
por los momentos que vivió
recordaba a la adolescente
que quería entender su cuerpo.

¡Cuánto tiempo para saber
que ella también era su boca
y sus rodillas y su fiebre
y sus dedos desesperados!


Jean Baptiste Renoir (1896)

Fragmento de J.A.Goytisolo

Para un viaje al infierno

 

 

El viento del Este
te aprieta contra mi espalda
si, debo de estar muy cerca del mar,
estaré tal vez demasiado cerca de la costa?

Quien sabe, pude haber sido empujado
hacia tierra otra vez.

Hoy no, no probaré remando.
Perdí los remos
¿no recuerdas?
desaparecieron hace muchos días.
Quizás ya habrán pasado años…

No, debo de estar más cerca de lo que creía
del infierno.

Las islas estallan alrededor…

 

Doris Leasing

 

 

Paseando a Miss Daisy

 

Amanece limpio y luminoso el día, perfecto para dar un paseo por la costa de nuestro  Mar Cantábrico.  La carretera nos lleva por cientos de curvas que discurren entre los bosques de eucalipto y el mar. En cualquier otra ocasión esto puede ser un inconveniente, pero para el plan que nos proponemos hoy es una ventaja porque vamos disfrutando despacio del paisaje.  El destino de nuestro viaje será llegar hasta el pequeño pueblo pesquero de Elantxobe en Bizkaia, del que es oriunda la familia de mi amiga Miss Daisy*

Vamos parando en altos miradores sobre acantilados y playas de arenas claras, el mar está un punto rizado por la brisa que aventura un cambio de viento durante el día. Hay mucho movimiento de barcos faenando en los puertos por los que pasamos. Y paramos y nos detenemos a observar el trabajo de los pescadores. (Motrico, Ondárroa, Lequeitio…). Están descargando el pescado de hoy (Antxoa, Merluza, Salmonete, Lenguado..) y vuelven a aparejarse para salir de nuevo al mar.

Unos pocos kilómetros hacia el interior… (Ispaster y Ea) y volvemos a la costa donde nos espera Elantxobe un pequeño pueblo pesquero encaramado a una mole rocosa que protege al puerto, pero con tal pendiente que hace que las casas formen una escalera de tejados que llega hasta la misma orilla del mar. Una parte del pueblo arriba y la otra parte del pueblo abajo. Solo una mínima estructura plana ocupada por la plaza con un magnífico mirador, y la curiosidad de una plataforma “giratoria” para que los vehículos de mayor tamaño que llegan hasta allí puedan salir del pueblo.

Hoy todo el mundo disfruta del buen tiempo y ha salido a comer fuera de casa. Se nos ha hecho tarde disfrutando del paisaje y no será hasta las cuatro de la tarde cuando podremos llevarnos “algo” a la boca (cualquier cosa en lugar del ansiado pescado recién llegado a puerto).

Y allí está Krispín. Está tomándose un txakolí antes de ir a comer. Es el Capitán de un barco de pesca. Salen cuatro meses a pescar atún y otros cuatro meses los pasan en tierra. Ahora está en su tiempo de descanso y se dedica, entre otras cosas a su otra pasión: la cocina. Buena gente, nos alegra habernos encontrado con él y haber pasado un buen rato juntos.

Seguimos la carretera por el lado este de la ría Urdaibai, área natural declarada Reserva de la Biosfera a la que pertenece Guernica. Paseamos por el apacible y bellísimo espacio verde del Parque de los Pueblos de Europa, ideal para disfrutar de la naturaleza en estado puro. Está junto a la Casa de Juntas Generales de Bizkaia. Además de su propia belleza que se nota cuidada con esmero, el Parque alberga dos importantes esculturas:

Gure aitaren etxea (La casa de nuestro padre) del artista donostiarra Eduardo Chillida
y Large Figure in a Shelter (Gran imagen en su refugio) del artista inglés Henry Moore

Un pequeño vídeo para el recuerdo:

 

 

Música: Benito Lertxundi
(Traducción del euskera)

Una canción en mis labios,
Venus parpadea en el cielo,
cuando el primer sueño te ha recibido,
¿qué será lo que encierra tu interior?

Cual gota has caído en este valle de la vida;
Tú eres nuestra piel
y la encarnación de nuevos designios.

Hay en mí un refugio
que te abrigará cuando caiga la noche.
Tu serás la resina
para el fuego que alberga el corazón.


Y algunas fotografías inevitables…

_DSC0080

Elantxobe

_DSC0082

Lekeitio

 

 

Krispín

_DSC0203

_DSC0165

_DSC0161

 

 

 

 

Arbol de Guernica y Casa de Juntas.
Debajo, detalles de la escultura “Gure aitaren etxea” de Eduardo Chillida

 

 

Large Figure in a Shelter de Henry Moore

  • Nota:
    Algunos habréis visto la película protagonizada por Norman Freeman y Jessica Tandy titulada “Paseando a Miss Daisy”. Pues… a la que yo llamo Miss Daisy es mi amiga. Solemos hacer salidas turísticas juntas. Le llamo Miss Daisy porque la situación se parece mucho a la de la pareja de Miss Daisy y Hoke. Nada más verme me entrega las llaves de su coche y se instala —menos mal que se sienta a mi lado, de copiloto—. Me gusta verla disfrutar mientras viajamos escuchando música y hablando de cualquier cosa que interrumpimos con paradas sobre la marcha para contemplar un paisaje o tomarnos algún descanso…

 

Goytisolo

 

He madrugado. La lluvia azotaba los cristales de mi habitación y he despertado hablando con mis poetas. He recordado algunos versos, así, deshilvanadamente y he pensado que algún sentido tendría.

Hablando con mis poetas – I

… Escucha
la honda respiración del mar
ya dentro de tu sangre…

J.A. Goytisolo

No digas nada
y piensa solo en ti.
Deja tu cuerpo suelto
igual que en abandono
en medio de este mar
que ahora mismo te envuelve
bajo no sé qué vientos
de frescor y dulzura
que tu piel acarician
entre un olor a sal
más antiguo que el mundo.
Pero no digas nada:
piensa en ti y solo ansía
como yo unos instantes
de silencio y de amor.

Autor Jose Agustín Goytisolo