Nuevas divagaciones sobre el color azul

Reblogueo de la entrada de Santiago Pérez Malvido.

Imagen de James Abbott McNeill Whistler / Nocturne Blue and Silver Chelsea / Google Art Project / Dominio público


 

Dylan Thomas escribió antes de la guerra un relato sobre un anochecer en una playa de Gales a la que había ido a pasar el día con unos amigos de la pandilla. Transmitía cierta inquietud, no recuerdo bien los detalles, pero era una inquietud de tiempos de paz, nada que ver con su tarea radiofónica durante la Segunda Guerra Mundial. Y frío, y lluvia. Tal vez eran malos presagios.

Al ver el cuadro de Whistler que ilustra este post, y aunque su autor había vivido y pintado muchos años antes, recordé la playa a oscuras y a Dylan Thomas y la guerra y la paz y su narración. El azul es un color que transmite paz, a mí al menos me produce esa calma, y puestos a buscar explicaciones a los mecanismos irracionales con los que a veces funciona nuestra cabeza, me da por pensar que tal vez la paz…

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Apuntes para escribir cuentos

Del Blog Acuarela de Palabras

 

Acuarela de palabras

Aunque no escribamos cuentos, estas reglas nos servirán para apreciar el trabajo realizado por el cuentista… 

Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (vía blog tierradetrampas.blogspot.com/)

Por Juan Bosch*

“1. Comenzar bien un cuento y llevarlo hacia su final sin una digresión, sin una debilidad, sin un desvío: he ahí, en pocas palabras, el núcleo de la técnica del cuento. Quien sepa hacer eso tiene el oficio de cuentista, conoce la techné del género. El oficio es la parte formal de la tarea, pero quien no domine ese lado formal no llegará a ser buen cuentista. Sólo el que lo domine podrá transformar el cuento, mejorarlo con una nueva modalidad, iluminarlo con el toque de su personalidad creadora.

2. La primera tarea que el cuentista debe imponerse es la de aprender a distinguir con precisión cuál hecho puede ser tema de un cuento. Habiendo dado con un hecho, debe saber…

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La foto

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Fotografía de Samuel Aranda

No me hubiera impresionado tanto esta fotografía en blanco y negro de Samuel Aranda que actualmente expone en el Museo de San Telmo de Donosti si, hace algún tiempo, no me hubiera impresionado esta otra cuyo autor desconozco pero que guardé entre mis cosas porque me inquietó esa profunda y bellísima mirada. Pensé que en ella se encerraba todo aquello que, para mí, es el enigma infinito de las mujeres en el mundo musulmán.

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Desconozco si la mujer de la cámara de fotos está tomando una instantánea de un monumento o de algún paisaje, quizás de otra persona o de un grupo de personas. Quizás se está haciendo un «selfie». ¿Qué mundo de creencias y convicciones; de sentimientos, de emociones ocultan las mujeres detrás de un hidad, un chador, un burka o del velo negro de un niqab?.

Somos culturas contrapuestas; eso está claro. No obstante, la Mujer, en cualquiera de ellas, no cede y no debe ceder en sus esfuerzos de conquistar el reconocimiento de igualdad de derechos que merece, simplemente por el hecho de ser persona, en este caótico laberinto humanitario que llamamos mundo.

Somos culturas contrapuestas, de acuerdo, pero sería bueno que, aunque no nos comprendieramos, nos respetáramos.

Ana María Gutiérrez Ibacache presentó en 2014 un artículo muy interesante en la Revista «Cultura crítica» que tituló Feminismo y Corán: La lucha de las mujeres musulmanas.

«Las mujeres islámicas han sido limitadas socialmente por su religión y cultura, relegadas al espacio privado. Sin embargo, para algunas de ellas el Corán surge como alternativa de lucha e integración al espacio público.


 

La visión de la mujer en el mundo occidental es muy diferente a la visión de la misma en el musulmán. Fuente: United Explanations.

El rol que juega la mujer en el islam es tema de controversia y este versa, la mayor parte de las veces, sobre los cuestionamientos que se hacen de la religión y cultura musulmana desde Occidente. Por ello, las miradas que tienen tanto el mundo occidental como el musulmán sobre la mujer en la sociedad son opuestas.

Desde la visión occidental, la mujer en la sociedad musulmana es privada de sus derechos fundamentales, políticos y sociales debido a los tratos discriminatorios, de inferioridad, sometimiento al hombre y a la vida familiar, privándola de participar en los espacios públicos, todo lo cual se justifica en nombre de la religión y la tradición. En contraposición, para el mundo musulmán y principalmente para el islamismo radical, la mujer es el elemento generador de la familia. La familia, a su vez, es la base de la sociedad, el origen de los valores y su solidez constituye el único medio para garantizar una sociedad regida por la rectitud moral. Por lo tanto, la mujer es garantía de la pureza en la sociedad, siendo preciso aislar o sancionar a las mujeres que la vulneran.

Ambas culturas, tanto la occidental como la musulmana, pueden extremar los argumentos uno en contra del otro, que no siempre están relacionados con la defensa de los derechos de la mujer, sino con luchas de carácter político, económico, social y también cultural. Por eso muchas veces la opinión menos conocida es la de la propia mujer musulmana.

Hace algunos años, en el ámbito de la defensa de los derechos de la mujer en esta cultura, ha comenzado a sonar con fuerza un nuevo movimiento, el feminismo islámico que defiende la plena igualdad entre hombres y mujeres partiendo de las enseñanzas del Corán. Estos movimientos feministas reconocen al texto sagrado como liberador, pero también que en la actualidad no es así. Por lo tanto, no es el Corán el que plantea la discriminación de la mujer, sino que se ha producido una degradación de la tradición y una tergiversación de sus enseñanzas que ha tenido como resultado la actual estructura patriarcal de la mayoría de la estados musulmanes, como explica la periodista Ana Fernández Vidal.

¿El feminismo es una opción para la integración de la mujer musulmana a la sociedad en igualdad de condiciones?

Contextualizando la relación entre feminismo e islam, primero se debe entender que el feminismo es toda teoría, pensamiento y práctica social, política y jurídica que tiene por objetivo hacer evidente y terminar con la situación de opresión que soportan las mujeres y lograr así una sociedad más justa que reconozca y garantice la igualdad plena y efectiva de todos los seres humanos. En otras palabras, es un movimiento heterogéneo, integrado por una pluralidad de planteamientos, enfoques y propuestas (De las Heras, 2008).

«No puede lograrse la emancipación de la mujer en un ámbito estrictamente religioso»

De esta forma, el feminismo islámico, como tal, tiene sus orígenes en el feminismo secular, protagonizado por musulmanas y cristianas. Estas feministas surgieron en diversas naciones-estado a lo largo del siglo XX, ya fuera antes, durante o después de la ocupación colonial, y en un contexto de modernización y también de gestación de los movimientos islámicos reformistas. El feminismo secular es un discurso y una práctica creada por mujeres de diferentes comunidades religiosas, de los países árabes del sur del Mediterráneo, que tenía como propósito compartir una nación-estado laica de ciudadanos iguales y donde el Estado y la religión estuvieran separados. Estas feministas y su organización tenían por objetivo garantizar que las nuevas instituciones estatales fueran igualitarias con el género, tanto en la teoría como en la práctica. También querían reformar las «leyes religiosas sobre el estatus personal», entre éstas, los códigos personales musulmanes y cristianos, elaboradas por los Estados. Por lo tanto, denuncian al islam como una religión patriarcal que ha perjudicado históricamente a las mujeres. Aunque reconocen la mejora que significó el islam en su momento, consideran que toda religión monoteísta es en esencia patriarcal, y que no puede lograrse la emancipación de la mujer dentro de un ámbito estrictamente religioso (Badran, 2008).

Feminismo islámico. | Fuente: Web Islam

Sin embargo, el proceso de modernización y los problemas económicos, los conflictos sociales y culturales en los que derivó no encontraron un cauce adecuado de expresión ni de resolución social o política. Se produjo, entonces, la revitalización del islam, lo que significó que en los países musulmanes alcanzara renovado protagonismo el islam fundamentalista sobre el islam progresista, con el fin de resolver mediante la religión todos los problemas sociales y políticos, junto con restaurar la integralidad de los dogmas. Además, es una forma de reaccionar con el fin de proteger su cultura, ante la amenaza que significa Occidente con sociedades liberales en el ámbito económico, político y social, que llevan consigo el capitalismo, la democracia y el libertinaje moral. Las mujeres vieron cómo sus derechos, en aquellas sociedades que habían alcanzado mayor participación, eran cada vez más restringidos y nuevamente eran confinadas a la vida privada, del ámbito familiar, y por tanto, quedaban fuera del espacio público que habían logrado.

En este contexto surge el feminismo islámico, como un movimiento de protesta basado en el Corán, que revindica la posibilidad de alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el marco del islam. Son, principalmente, mujeres musulmanas que no quieren abandonar su religión y rechazan el machismo y el sexismo imperante en la mayoría de las sociedades musulmanas. Los principales planteamientos de este tipo de feminismo son (Prado, 2008):

  • Es un movimiento que cimienta sus bases en el Corán y en el espíritu igualitario del Islam: el Corán es parte fundamental de la obtención de sus demandas de mayor igualdad y es llevado a cabo por mujeres musulmanas dotadas del conocimiento lingüístico y teórico necesario para desafiar las interpretaciones patriarcales y ofrecer lecturas alternativas encaminadas a lograr la igualdad de derechos; y al mismo tiempo como refutación de los estereotipos occidentales y del fundamentalismo religioso. El iytihad —esfuerzo de interpretación— es muy importante en este punto ya que sustenta las demandas del feminismo islámico, en la medida que cualquier musulmán puede interpretar el Corán y es una visión válida, dado que el texto fundamental lo permite.
  • Plantea que se debe realizar una lectura analítica del Corán y que la jurisprudencia islámica clásica no es una interpretación objetiva de los principios del Corán, sino una interpretación vinculada a un tiempo histórico concreto, y realizada desde una perspectiva patriarcal y autoritaria, con un concepto de sociedad muy jerarquizada. Postula, asimismo, que el islam genuino contiene importantes elementos de liberación, como son el sentido igualitario y al ausencia de jerarquías religiosas, y propone la recuperación de estos como marco de emancipación social. Lo cual implica reformar todas aquellas leyes discriminatorias, tanto hacia las mujeres como hacia las minorías religiosas, sexuales o raciales. Si la sharia implica la más mínima discriminación, desde una perspectiva feminista, debe ser rechazada. Por el contrario, si la sharia implica una aplicación posible del mensaje coránico de justicia social y de igualdad de todos los seres humanos, en ese caso, es lícito defender el derecho de los musulmanes a regirse por la sharia.
  • La posición y el rol que ocupa actualmente la mujer en la sociedad musulmana proviene de una visión de la sharia o ley islámica, creada entre los siglos IX y X e impuesta como una verdad inamovible a la que todos los musulmanes deben obediencia. De esta visión han derivado los tratos discriminatorios y vejatorios hacia la mujer, como los castigos corporales, la violencia doméstica, la poligamia, los códigos de vestimenta y la familia que coarta su libertad.
  • De esta forma, el islam no sería una religión patriarcal. Todos los seres humanos tienen la misma dignidad con independencia de su sexo; toda discriminación de género debe ser combatida y completamente erradicada; y una correcta reinterpretación de los textos sagrados y de la tradición jurídica constituyen un importante desafío al patriarcado en un contexto islámico.
  • Por último, el feminismo islámico impulsa la participación de las mujeres en órganos de decisión. Revindica el derecho a la propiedad, a la libertad individual y a la independencia económica, basándose en la tradición islámica. Reclama el acceso a la mezquita como un derecho de las mujeres musulmanas.

Puntos a favor y en contra

Se puede ver que, efectivamente, el feminismo islámico reivindica la defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad de género en la sociedad, al igual que lo pretende el feminismo a nivel mundial. Sin embargo, mientras que la religión que se presenta desde el feminismo occidental es una de las principales opresoras de la mujer, para el feminismo islámico se transforma en la herramienta a través del cual las mujeres pueden luchar por la igualdad o en este caso por una integración más justa en la sociedad, considerando la realidad religiosa y cultural de estas sociedades. Lo anterior, para los movimientos feministas más radicales lo invalida como feminismo.

Argumentando a favor, si la religión es la causa por la que han sido oprimidas, discriminadas y relegadas a un rol de inferioridad ante el hombre, la única forma de cambiar su posición en la sociedad es cambiando la interpretación que se ha impuesto desde una sociedad patriarcal. Por ello, el feminismo también debe adaptarse a los contextos políticos, económicos y culturales de cada sociedad, porque de lo contrario, las mujeres musulmanas no tendrían una herramienta válida desde el islam para poder defender sus derechos. Por lo que a estas mujeres respecta, un feminismo que no se justifique dentro del islam está condenado al rechazo del resto de la sociedad y es, por tanto, contraproducente.


¿Para qué sirve la literatura?

Cuenta la historia que un reportero le preguntó una vez al gran José Saramago para qué servía la literatura. El premio Nobel le contestó: “La literatura no sirve para nada“. Y dio gracias al Creador, (bueno, no precisamente al creador, porque Saramago era ateo, pero a algo le dio las gracias) porque en este mundo tan… Leer más

Origen: ¿Para qué sirve la literatura? – Zenda

Peggy Sue

Peggy Sue baile rock

«Peggy Sue» es una canción de rock and roll que he bailado desde que era una niña cada vez que se celebraba en casa de mis abuelos alguna fiesta familiar -en mi gran familia se celebraba todo-. El Rock & Roll era la música que hacía vibrar también a nuestros mayores.

Este tema concreto fue escrito por Buddy Holly, Jerry Allison y Norman Petty, y grabada por Buddy Holly y su grupo The Crickets en el año 1957. Según la crítica se trata de una de las mejores composiciones de Holly. La revista Rolling Stone la sitúa en el puesto 194 en la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Buddy no fue uno de los pioneros, ni el mejor, pero sí fue uno de los músicos destacados de la época. (Incluyo extracto de un artículo de Fernando Navarro muy interesante).

Audio de la versión original:

 

 

Existe una versión, quizás más rockera, también muy buena, de John Lenon. Fue publicada en su album Rock ‘n’ Roll en 1975. Aquí incluyo la versión remasterizada en 2010.

 


Las comparaciones son odiosas, así que incluyo las dos versiones simplemente para disfrutar de Peggy Sue doblemente.

Extracto del artículo de Fernando Navarro, redactor del País y colaborador de Babelia y de otras publicaciones y espacios musicales.

«El día que murió Buddy Holly en un accidente de avioneta fue el fin del flamante talento de la primera ola del rock’n’roll y el comienzo de la primera leyenda del género, a la que se sumarían con los años y por diferentes motivos grandes músicos como Otis Redding, Jim Morrison, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Pero sobre todo fue el epitafio de una generación, que se conoció como la clase del 55. La repentina muerte de Holly ponía fecha al final de la primera rebelión de la música popular, al golpe en el estómago que supuso la irrupción del rock’n’roll para la sociedad puritana y bienpensante de EE UU, aquella que se llevaba las manos a la cabeza porque los jóvenes negros y blancos compartían los mismos gustos musicales, porque estaban deseosos de afirmarse ante el caduco mundo adulto de la posguerra y porque ansiaban libertad frente a los rigurosos códigos morales.

La trágica muerte de Buddy Holly simbolizaba el adiós a todo ese movimiento inocente y rebosante de energía, que estaba en las calles con la jukebox sonando en un Diner o con la música a todo trapo en las radios de los cadillacs. Se iba Holly y se iba el empollón de la clase del 55, el compositor que había conseguido los mayores avances en los arreglos de las canciones, el hombre que, a diferencia de otros compañeros de curso que aportaban sensualidad y rebeldía, dio al rock un carácter académico. Era un genio. Su carrera fue prodigiosa y fulgurante. En poco menos de dos años en el negocio había conquistado los puestos más altos de las listas de venta de Estados Unidos y Reino Unido y se codeaba con los pioneros del rock’n’roll como Elvis Presley, Chuck Berry, Fats Domino o Little Richard.

Nacido en 1936 en Vermon Lubbock, Texas, donde florecía la industria del algodón. Con apenas diez años, ya se había familiarizado con la guitarra, el banjo, el violín y el piano. En busca de un concepto musical determinado, en pleno oleaje del rock, encontró una vía musical intermedia entre el country y el blues. Se refugió en los estudios de NorVajak de Norman Petty, a la postre su productor, e impulsó un estilo rudimentario en un acompañamiento de rockabilly de bajo, guitarra y batería.

Pero su avance fue concentrarse en los arreglos, adornando las composiciones con voces de fondo o teclados puntuales, mientras introduce toques de guitarra y batería agresivos, casi desafiantes. La púa rasga las cuerdas como pinchando al oyente para que se involucre, mientras sus modos vocales crean una atmósfera peculiar cuando mastica las palabras con su acento sureño. Holly será el primero en grabar la voz solista para sus pistas o crear orquestaciones en estudio, que serán la base del futuro pop.» 


 

Ser escritor?

En 1955 Jorge Luis Borges (Argentina) decidió prologar la edición en español de “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury, donde detalla la maravilla que representa la oportunidad de leer sobre la colonización del planeta Rojo. Seguir leyendo «Ser escritor?»

Escritoras

Alrededor de la persona que escribe libros
siempre debe haber una separación de los demás.
Es una soledad.
Es la soledad del autor, la del escribir.
Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea.
Marguerite Duras

Jenn Díaz nació en Barcelona, está considerada como una de las plumas destacadas de la generación de autores nacidos en la década de los ochenta. Este artículo fue publicado en la revista Jot Down y titulado: «Las mujeres que no se aburren también son peligrosas…».

En la mayoría de repasos literarios, de listas con escritores, de recorridos por la escritura de países, culturas, estilos o generaciones, el número de mujeres que aparecen siempre es muy pobre. Tanto es así, que acostumbro a leer los artículos que recogen este tipo de inventarios en diagonal, siguiendo la línea de nombres escritos en negrita para comprobar si se ha colado alguna mujer: no, aquí tampoco.

Entonces me retan: hazlo tú. Y me digo que sí, que voy a escribir un artículo, un contraartículo de ¿Hay que aburrirse mucho para escribir bien? pero solo con escritoras, y me doy cuenta de que no se me vienen nombres a la cabeza. No recuerdo ni una sola mujer que se aislara para escribir, que se marchara a otra ciudad, que tuviera un lugar preferido para desarrollar su escritura. Igual es solo un momento de duda, pero no, no se me ocurren. No se me viene a la mente ninguna escritora que se aburriera mucho para escribir bien, porque las escritoras que he leído, las historias de las escritoras que he leido, siempre han estado vinculadas a su vida cotidiana. No diré que más vinculadas a su vida que a su obra, pero sí de un modo parecido. Empiezo a pensar, siempre que intento dar alguna explicación a la falta de protagonismo femenino, en todo lo que leí en Un cuarto propio, de Virginia Woolf, porque funciona como una pequeña biblia femenino-literaria que consultar cuando no entiendo algo. Me pregunto por qué, primero, no hay tantas mujeres en las listas, y segundo, por qué yo tampoco sé dar un artículo de correspondencia a Ramón Lobo utilizando el mismo tema, pero desde el otro lado, desde este lado.

Veo una pequeña hilacha woolfiana por la que decido seguir. La mujer ha pasado por varios estados con respecto al arte, y el primero de esos estados es el de incompatibilidad. No hay filósofas, por ejemplo. Y de según qué años, tampoco escritoras, que son las que me interesan para intentar este artículo. ¿Por qué esa incompatibilidad entre la mujer y el arte en según qué sociedades? En la conferencia que dio Woolf sobre las mujeres y la novela, recogida en lo que ahora conocemos como «Una habitación propia» o «Un cuarto propio», según la edición, Virginia dio la respuesta a algunas de las preguntas, además de lanzar la máxima de que una mujer para escribir necesita dinero y un espacio propio e íntimo para poder hacerlo. El hombre nunca escribió como rebeldía, sino que escribía porque podía y sabía hacerlo. El curso natural de esa escritura iba en función del talento, el tiempo, la sensibilidad y el dinero que tuviera cada escritor, pensador, filósofo o teórico. La mujer, cuando empezó a escribir, lo hizo en la mayoría de casos a escondidas: físicamente o bajo un nombre masculino. La manera de desarrollarse ambas escrituras es distinta y por eso la evolución también lo es, de ahí que a veces se caiga en la etiqueta de escritura masculina y escritura femenina. Virginia Woolf, que me va a acompañar en todo este discurso porque es prácticamente el suyo, sabía que cuando el hombre ya escribía de forma artística, es decir, cuando el hombre escribió como un escritor y no como un hombre que se explica a través de la literatura, la mujer empezaba a utilizar el mismo medio para la autoexpresión.

Virginia explica muy bien cómo el hombre utiliza la escritura como objeto de arte, y la escritura no necesita de nada más, se sostiene sola. Es literatura. Cuando el hombre ya está a la altura del arte literario, la mujer empieza a escribir sobre sí misma. No siempre en diarios, a veces también en forma de ficción, velando su propia realidad. Si en el mismo momento de la historia la mujer está un escalón por debajo del hombre con respecto al motivo por el cual escribe, es normal que vaya mucho más retrasada y le cueste más florecer. Inspeccionar el interior de los personajes parece una tarea más femenina, porque en realidad era lo que hacía la escritora: inspeccionar el interior del personaje, que era el suyo. Mientras que el hombre podía hacerlo o no, porque tenía más recursos para escribir y exploraba, investigaba.

Si la escritora estaba todavía procesando la escritura de autoexpresión para evolucionar a la literatura, es lógico que en el repaso sobre hombres que buscaban un lugar apartado de los placeres y la inmediatez para poder concentrarse, no haya nombres femeninos.

La mujer que escribía todavía se estaba despojando de todos los prejuicios que le suponía escribir, porque no era lo normal. No solo escribía condicionada por su situación de mujer que escribe, sino que sabía que no será bien recibida. Por eso Alfonsina Storni no era bien recibida por las lectoras y Pardo Bazán tuvo que modificar la línea de su biblioteca para mujer porque reclamaban recetas o consejos y no textos sobre el feminismo. Me voy a permitir un ejemplo para ilustrar esta desigualdad: la literatura es el placer sexual, y la escritura es la procreación. Bien, mientras el hombre ya disfrutaba de un placer sexual con respecto a la literatura, ya era capaz de crear, la mujer todavía estaba anclada en el sexo como método para procrear, de modo que, si en la cama se le exigía algo que no fuera una postura cómoda para quedarse después embarazada, sino que le pedían que fuera sensual, por ejemplo, no sabía hacerlo. La escritora primero tenía que superar el momento de la autoexpresión, tenía que superar la escritura personal para dar paso al objeto literario, artístico. No es tan fácil. Parece que me estoy alejando cada vez más del artículo de Ramón Lobo, pero acabaré reconduciendo toda esta teoría que alimenta Virginia Woolf desde su breve ensayo sobre la mujer que escribe.

Si la escritora estaba todavía procesando la escritura de autoexpresión para evolucionar a la literatura, es lógico que en el repaso sobre hombres que buscaban un lugar apartado de los placeres y la inmediatez para poder concentrarse, no haya nombres femeninos. La mujer todavía estaba asimilando su propia escritura, desenmascarándola del Yo para darle importancia al arte, que lo único que importara fuera la novela, el personaje, y no el mensaje que quiere mandar. Para decidir que necesita una concentración mayor para crear, antes tenía que ponerse a crear, y los primeros pasos de la mujer que escribía no era de creación, sino de asimilación de sí misma. Debía despojarse antes de las moralejas, de los personajes que se rebelaban, de las mujeres que destacaban. Estaban demasiado ocupadas defendiéndose a través de su escritura para poder darle el carácter literario que merece una buena novela.

No, no se me venía a la mente ninguna mujer que se marchara a una ciudad para concentrarse y escribir, porque las mujeres que he leído no solo combinaban lo doméstico con lo literario, sino que durante décadas (ya más cercanas) la escritura era su vía de escape, la literatura era usada por las mujeres. “Yo escribí mi salida”, dice Jeanette Winterson en su autobiografía ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

Marguerite Duras, Carmen Martín Gaite, Jeanette Winterson, Ana María Matute. Estas cuatro escritoras (a excepción de Duras, que sí tenía una casa en la que se encerraba) escribían para liberarse de algo que era íntimo, y por mucho que se alejaran de los vicios y las ciudades que reclaman tu atención, el motivo de su escritura era demasiado personal para aislarse. Los conflictos maternales, la homosexualidad, la soledad, el problema con la bebida, la muerte de una hija, superar el provincianismo o perder la custodia de tu hijo al divorciarte en una sociedad machista, hacían que la obra de estas mujeres estuviera teñida de su realidad. Así que no solo no se aburrían para escribir bien, sino que necesitaban de su vida cotidiana para nutrir lo que estaban escribiendo. De ahí que se acabe diciendo que las mujeres solo escriben de experiencias propias y sean incapaces de inventar.

En el caso de Frida Kahlo (me permito una excepción entre las escritoras), Clarice Lispector o Sylvia Plath, no podían tomar la decisión de irse a un refugio artístico para poderse concentrar, porque la vida de sus maridos tenía un protagonismo muy fuerte en las suyas, y lo único que hacían era perseguirles.

Entonces intento darle una explicación lógica: la mujer va un paso por detrás porque empezó más tarde y en unas circunstancias poco favorables. Lo que necesitaban las mujeres no era irse lejos del vicio de una ciudad llena de posibilidades, como les pasaba a los hombres, sino aislarse del ruido de su vida cotidiana y, a un tiempo, utilizar ese ruido. Por eso el lugar al que recurrían las escritoras era la habitación propia y no la biblioteca del Museo Británico (Vargas Llosa) o la grisura londinense (Canetti). Solo querían un momento, un momentito por favor, y dejar a un lado todo lo que estaban viviendo para poder escribirlo y después, inmediatamente, seguir viviéndolo. Por otra parte, se esperaba de ellas que no renunciaran a su papel de mujer para ponerse a escribir, pero eso nos aleja de la escritura y nos acerca a lo social.

Así, el siguiente paso con respecto a la literatura, una vez superada la autoexpresión y dando paso a un objeto literario que no necesita excusas, es todavía un territorio poco explorado por la mujer escritora: los ensayos. Martín Gaite reflexionaba sobre la escritura, los cuentos y la literatura en «El cuento de nunca acabar» y Marguerite Duras tiene un breve texto publicado que se llama «Escribir». No hay muchas escritoras que publiquen libros divagando acerca de ello, o que tengan en el mercado un libro como «Autobiografía de papel», de Félix de Azúa. La mujer todavía está ahondando, superada la escritura que busca en el Yo, en el material puramente literario: detenerse y buscar explicación, lógica o teórica a todo ese proceso creativo significa haber superado una serie de obstáculos que todavía no están conseguidos. Mientras la mujer esté utilizando la literatura como exorcismo para superar metas que el hombre ya ha rebasado, no podrá pasar al siguiente nivel literario.

Ahora, antes de leer en diagonal los artículos con repasos literarios en los que no aparezcan mujeres, me preguntaré si la mujer ya está preparada para la enumeración, si el tema que se trata es un territorio explorado por la mujer, o si por lo contrario es uno de esos estados que nos llevan de ventaja los hombres y lo único que nos falta es, además de la habitación propia y el dinero, un poco de tiempo. Al artículo de Ramón Lobo no le faltaban escritoras (bueno, alguna), es a la mujer a la que le falta un paso más con respecto al arte por el arte, sin justificaciones. Cuando la mujer se crea merecedora, como Virginia Woolf en sus excursiones a la biblioteca o Marguerite Duras comprando una casa solo para ella y su escritura, de alejarse de todo para crear, aparecerá en las listas de mujeres que se aburren mucho para escribir bien.


Artículo de Jenn Díaz 

Poesía

En la categoría de Poesía vas a encontrar Palabras Propias y de Otros Autores. No se trata de una selección de los mejores ni de los más conocidos ni de los nuevos… Irán apareciendo en mis páginas porque me resulten sugerentes por algún motivo.  Seguir leyendo «Poesía»

Libros en papel

 

Cuando el Kindle, el lector de ebooks de Amazon, llegó a España, yo, personalmente, era una descreída. Como lectora entusiasta, incluso lectora que había sufrido mudanzas con libros, no podía entender como podías acabar prefiriendo leer en algo electrónico.  En fin, un libro es un libro, decía yo (que sí, entonces ya tenía mucho amor por la tecnología, pero no en los libros, ¡por favor!). Sin embargo, me compré un Kindle. ¿Por qué?, os preguntaréis. Bah, tenía un cheque regalo y se quedaba en muy poco dinero (y bueno, confieso, había probado un e-reader unas semanas antes – uno de Sony – y la experiencia de leer en tinta electrónica me había gustado).

Años después, debo confesar que amo a mi e-reader. Bastante. Olvidarme el e-reader cuando me voy de viaje me parece una tragedia sin igual y la tinta electrónica el mejor invento del mundo. Y lo del envío instantáneo de libros me ha hecho tan feliz tantas veces que debería cambiarme el nombre y ponerme Whisper-sync de segundo nombre. El Kindle es uno de los dispositivos más importantes de todos los que tengo (bueno, podéis cambiar el Kindle por cualquier otro e-reader de buena calidad y de tinta electrónica en vuestras declaraciones de amor).

Y, sin embargo, sigo comprando libros. Libros en papel, me refiero, porque siguen existiendo momentos en los que acabas prefiriendo un libro en papel.

CUANDO ES UNO DE TUS AUTORES FAVORITOS
Hay una cierta fidelidad a según ciertos autores y cuando lanzan al mercado un libro nuevo, necesitas tenerlo. Tenerlo de manera tangible. Poco importa que tener el ebook sea más inmediato (si compráis libros en inglés o en algún otro idioma extranjero, que tienes que esperar a que lleguen físicamente a la librería en la que los compras lo entenderéis mejor) porque sabes que de ese escritor quieres tener un libro físico.

CUANDO ES UNA EDICIÓN FASCINANTE
Estás en una librería, tienes esa edición de ese clásico tan bonito entre manos y te preguntas ¿por qué debería comprarlo en papel y gastarme 20, 15 o 10 euros en este libro si está en ebook en Project Gutenberg? No puedes evitarlo: las ediciones fascinantes tienen ese poder sobre ti. (Personalmente odio a todos los editores que reeditan los libros de Jane Austen en ediciones cada vez más bonitas y cuidadas porque cuando ya los tienes en papel te sientes un poco mal y huyes antes de comprarlo)

CUANDO ES UNA DE ESAS EDITORIALES QUE HACEN LIBROS BONITOS
¿Existe alguna editorial que odias cuando lanzan una oferta de algún ebook de los que han publicado? Sí, esas editoriales independientes que publican libros que ya no solo por su contenido sino también por su continente son bonitos, increíblemente bonitos. Cuando tienes algo así al otro lado, con esas sobrecubiertas cuidadas, ese papel de calidad, hasta esa tipografía estupenda, algo en ti sufre cuando acabas comprando la versión electrónica.

CUANDO ES UN LIBRO QUE AMAS, VERDADERAMENTE AMAS
¿Soy la única persona a la que esto le ocurre? Cuando un libro entra en la categoría de títulos que amo, sé que los quiero tener en papel. Es irracional, porque al fin y al cabo si lo tengo en ebook sigue siendo mío y sigo pudiendo leerlo 20 veces.

CUANDO LO VAS A REGALAR (O CUANDO TE LO VAS A AUTORREGALAR)
Aunque hay iniciativas para hacer que los ebooks se puedan convertir en algo tangible (aquí una y aquí otra) al menos de forma momentánea, lo cierto es que cuando haces un regalo (¿y qué mejor regalo que un libro?) siempre te sientes mejor dando algo físico y que se puede empaquetar, romper el envoltorio con emoción, escribir una dedicatoria en la primera página y esas cosas.

CUANDO LO QUE QUIERES ES TODAS ESAS COSAS QUE VAN ASOCIADAS A UN LIBRO
Y por esas cosas ahí están el oler a libro (sí, ¡los libros huelen a algo!), el ver como se dobla el canto a medida que los lees (aquí seguro que podemos abrir un debate sobre si eso os gusta o no) o por poder luego mirarlo con arrobo en tu biblioteca personal

CUANDO ENTRAS EN UNA LIBRERÍA
Ese invento terriblemente diabólico de una tienda llena de libros en la que puedes pasarte tanto tiempo curioseando entre las estanterías y de la que es casi imposible salir de manos vacías.

LIBROPATAS.COM


Artículo de Raquel C. Pico

Un palacio para el baño real

San Sebastián – 1908

Aunque parezca el palacete de algún excéntrico visir en las costas del Indico, el edificio que se ve en las imágenes fué construído a finales del siglo XIX en la Playa de la Concha de San Sebastián. Seguir leyendo «Un palacio para el baño real»

El Poeta

 

Leonard Cohen

Artículo de Alberto Manzano 

El poeta escucha a su corazón como a una novia que debe conquistar el mundo.

Pero la novia ya ama al mundo. El poeta debe convertirse en héroe. Debe perder la mente y desarrollar alas. El poeta camina sobre un filo fronterizo intentando transportar a gente real hasta el mundo del arte. El poeta quiere que sanes con él. Quiere que mueras con él. Quiere arrastrarte. Hay Belleza en la Muerte. Las cuchilladas son caricias de seda. Los pétalos encontrarán raíces en las heridas por las que sangres. La gloriosa muerte que conduce a la santidad. El poeta trepando por el brillante reflejo de la escalera tambaleante que cedió bajo sus pies, sus botas partiendo los peldaños con el estruendo de una ametralladora. El poeta surcando cielos en una nave de alas mutiladas.

 

Grabación realizada en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián

El poeta escudriñando cielos desde su ávido telescopio. Esperando cada noche desde su ventana. La oscuridad cantando. Las estrellas sujetas con alambres. La luna colgando húmeda como un ojo medio arrancado. Un grito rebelde clama tomar el cielo a sangre y fuego. Apetito imperial. Náusea y Miedo. La Gracia caduca. El vehículo de la ignorancia. ¡Oh, envía al cuervo antes que la paloma! Pero el poeta no pudo curarse. El poeta no pudo morir. El poeta no es más que un poeta. Pertenece al mundo. El poeta secular y mundano avanza por este espectral «valle de lágrimas» con las únicas armas de sus melopeas y su elegante luto, guiado por la marca de nacimiento en su piel. ¡Oh Dios Extranjero que reinas en la gloria terrenal, rodéame de algún poder, debo conquistar Babilonia y Nueva York! El poeta confirmado como la semilla de nuestra nueva sociedad. El poeta ha sido enviado para unificar nuestras más graves preocupaciones espirituales y físicas; «Entiendo las lealtades que insisten en quemar a un niño, asesinar a un presidente o tatuar números en la muñeca de una mujer. Los campos de concentración son vastos e inimaginables, y vuestra libertad está podrida». He aquí una nueva libertad que invita, como mínimo, a un nuevo modelo de determinismo. Un fiero ataque a todos los modos irracionales y psicológicos de represión. Un desafío a los comandantes del orden y el hastío que exige la conquista de un mundo inexistente -porque el mundo ya ha sido destruído- el poeta dirigiendo a sus románticas huestes, un puñado de héroes solitarios, harapientos, vestidos para matar. El poeta intenta traducir al uso común las más altas órdenes de la energía pura, sin negar su propia inclinación a obedecer. Margaritas, palomas y ángeles, colibrís, rosas y corazones. Propaganda religiosa, paisaje. Catálogo, horizonte. Oro marfil carne Dios sangre luna. Una biblia para golpearte hasta la cruz. El criminal hereda a su víctima. La añoranza del vicio de un hombre como Cristo. La vieja arma disfrazada de caridad. Jesús con los leprosos. San Francisco de Asís con los pájaros. La ambición disfrazada de oración. Sois y el poeta está con los pecadores, las prostitutas, los criminales, los marginados. El más blanco loto floreciendo en el lodo más negro. Roshi tocando la campanilla. Rumi girando alrededor del sol. ¿Y Henry Miller? ¿Siempre tienes que acabar subiéndote encima de una mujer para hablar de teología? Gloria y Gloria a ella, que da a luz a Dios, que se inclina sobre la inmensa herida del mundo. Excentricidad y corriente fundamental. Disciplina y Masturbación. El poeta doblado por la forma del Amor. Un jorobado bajo su colina de oro. ¿Cuándo colaboraremos de nuevo, hombres y mujeres, para establecer la medida de nuestras poderosas y diferentes energías? ¿Cuándo volveremos a hablar sinceramente sobre nuestros dementes y homicidas apetitos? Esclavos tocándose. Sus cuerpos sagrados. La carne es una llaga. El dolor no tiene nombre. Crines galopantes. Rápidos como perros. El espíritu humillado. Soy para ti que no vendrás, tu eterno e imperfecto amante espiritual, buceando otros muslos, chupando los pezones de la luna de otra galaxia. Las migajas del amor y los barrios bajos del amor. Soy para ti que no vendrás con correas de tiempo atadas a tu carne. El pelícano con el pecho atravesado. Un grito que detiene al mundo. El corazón; un reloj con péndulo de genitales. Grave decisión ser santo, con el pensamiento puesto en coños, sólo en coños, corazón dinero talento arte sintonizados íntegramente en el coño, ahí es adonde te diriges, un bellísimo espectáculo, un hombre que sabe adónde va. Voy a decirte una cosa, aunque me caiga de narices. Yo inventé la escritura del cielo. Lo hice porque me enamoré de ti, y no tengo miedo a perderte.

Imagen Lloyd Art


La Música en la infancia

 

Publicado por Quetescuchen, 20 marzo, 2015

Existen muchos estudios sobre los descubrimientos de la formación musical durante la infancia ademas de su relación con el desarrollo de los niños y por eso ha crecido el interés de incluir a la música en la educación.

El articulo Lili M. Levinowits apoya la inclusión de la música a los programas educativos en su articulo para Music Together donde nos menciona sus razones para que la educación musical sea impartida desde la primera infancia o infancia temprana.

La Música es conocimiento

La inteligencia musical es igual de importante que la lógica ( Inteligencia matemática, Lingüística, espacial, kinestésica, interpersonal o intrapersonal) Como menciona Thomas Armstrong en su libro sobre las inteligencia multiples:

” … las inteligencias reciben un estimulo cuando se participa en alguna actividad con valor cultural y que el crecimiento del individuo en esa actividad sigue un parto de desarrollo, es decir tiene su propio momento de aparición en la primera infancia…”

Crear música es una habilidad básica

Poder crear música es una habilidad tan básica como caminar o hablar. Perry y Perry (1987) sugieren que es deseable que se exponga y se enseñe a los niños por su propio bien. Es derecho de nacimiento para todas las personas ser capaces de cantar una melodía o moverse siguiendo un ritmo. Para asegurar un aprendizaje comprensible, la música debe ser incluída desde la infancia.

La primera infancia es cuando los niños aprenden sobre el mundo que los rodea mediante juegos. Los juegos en esta etapa involucran objetos ambientales y experiencias a las cuales se expone a los niños. Si el ambiente musical al que se le expone es lo suficientemente rico, esto traerá una exposición continua y nutritiva a los elementos musicales a los juegos de los niños.

Edwin Gordon ha identificado que la infancia es el periodo de desarrollo de las aptitudes musicales. Durante estos años, la aptitud musical o su potencial, que esta basado en un construcción compleja de la audición, se encuentra en un estado de cambio. Debido a este cambio las aptitudes del niño se encuentran vulnerables a las influencias positivas o negativas a través de la educación y el ambiente. Sin la suficiente estimulación y exposición, el niño tiene pocos elementos para experimentar y aprender mediante el juego. La influencia negativa mas común es simplemente negarle el acceso a estos estímulos.

Si quieres profundizar en estos temas te recomendamos leer el articulo completo en Music Together para consultar la bibliografía sobre estos temas.

¿Como estimulas el amor a la música y su aprendizaje en los niños?

 


Infancia y Poesía

 

 

Artículo de Jose Antonio Marina

Una fantástica empresa dedicada a inventar me pide que colabore en el diseño de una colección de cuentos para introducir festivamente a los niños en el mundo de la poesía. 

Lo primero que pienso es: ¿y para qué tienen los niños que aficionarse a la poesía?. Cuando no sé qué pensar sobre un asunto, intento siempre ir a su origen. ¿Qué misteriosa necesidad ha hecho que la humanidad cree poesía durante milenios?. He recordado algunos de los poemas que aprendí en mi niñez.”El lagarto y la lagarta/con delantalitos blancos./Han perdido sin querer/su anillo de desposados”. Este poema de García Lorca contiene unos versos que me siguen emocionando. “Un cielo grande y sin gente/ monta en su globo a los pájaros”. ¿Por qué este verso tan sencillo me produce tanta euforia?. Siento que mis posibilidades de mirar se han ampliado. La bóveda celeste que veo todos los días forma ahora parte de un mundo de juguete, es un gran globo de parque de atracciones, que lleva a los pájaros de excursión. Hasta el imponente sol se ha decidido a jugar. “El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso”.

Creo que ya he encontrado una de las grandes motivaciones de la poesía: La poesía hace valioso el mundo mediante las palabras. El ser humano necesita ampliar sus posibilidades y enriquecer el mundo con ellas. No se conforma con lo que tiene, inventa, explora, pinta, construye, canta.

Una afirmación tan irrebatible como “las cosas son lo que son” resulta, pues, deshumanizadora y falsa. Las cosas son lo que son, más el conjunto de sus posibilidades. La pasividad nos imposibilita, nos lleva a la rutina, a la mediocridad y al tedio. No estamos aburridos porque el mundo sea aburrido, sino que el mundo es aburrido porque lo estamos nosotros previamente. El modorro ve en todas las cosas la monotonía; el poeta, en cambio, lo irrepetible. No hay dos sonrisas iguales. Ni dos llantos. Ni dos manzanas. El lenguaje poético hace relevante lo que teníamos siempre al lado sin percibirlo.

Acuérdense del gran Machado, emocionándose porque “al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido”, le ha brotado una ramita verde. Al contrario convierte un hecho cotidiano en hecho poético. Y nos hace un gran favor.

Ver Poema de Antonio Machado

He dicho que la poesía hace valiosa la realidad mediante las palabras. Entre las realidades que transfigura está el propio lenguaje, al que hace más expresivo, más cantarín, más juguetón. Jugar con las palabras es un juego que divierte a todos los niños. Jugar es otra de nuestras grandes motivaciones, otra raíz de la poesía. Y hay algunos poetas quehan encontrado sus mejores posibilidades no al hacer poesía para niños, sino haciéndose niños para hacer poesía, como Alberti: “Don diego no tiene don,/ Don/ Don dondiego/ de nieve y de fuego;/ don, din, don/ que no tienes don/ ábrete de noche,/ cicérrate de día,/ cuida no te corte/ la tía María,/ pues no tienes don”. Recuerdo las deliciosas canciones que cantaban las niñas al saltar a la comba: “Al pasar la barca/ me dijo el barquero/ las niñas bonitas/ no pagan dinero”.

Otras veces, el lenguaje se concentra y adquiere una intensidad mágica. Encierra en una frase muchos significados, y al entenderla parece que estalla en nuestra cabeza como fuegos artificiales. Una situación alegre o triste queda concentrada en once sílabas, como en Quevedo: “Polvo seré, mas polvo enamorado”. Aleixandre cuenta una tragedia en tres líneas: “Tú, en cambio, sí que podrías quererme;/ tú, a quien no amo./ Al lado de esta muchacha veo la injusticia del amor”. La poesía concentra e intensifica el mundo. De nuevo otra necesidad cumplida. Aspiramos a vivir, aunque sea intermitente, en la intensidad.

Por último, la poesía nos libera. ¿De qué?. De la pesadez, de la desidia, de la desesperanza. Es admirable que un poeta, con tan poco haga tanto. Esta es la definición de nuestra libertad: hacer mucho con poco. Cuando nos sentimos impotentes, la realidad resulta siempre abrumadora. Pero la inteligencia intenta zafarse de esa opresión, sentirse poderosa y ampliar la realidad con nuevas posibilidades. Aficionar a los niños a la poesía es animarles a no dejarse apabullar por el mundo, a estar alerta, a sentirse más libres, a admirar. En una palabra, es enseñarles a hacer más valiosa la realidad, y a vivir en ella.

 



Toreando con el Alma

No soy especialmente taurina. He ido en contadas ocasiones a una plaza de toros; a varias plazas de toros, pero tengo que reconocer que el día que tuve la oportunidad de asistir a una corrida de toros en la Real Maestranza de caballería de Servilla…

mi percepción de la Fiesta cambió radicalmente.

Aquello era como una celebración casi religiosa.

Silencio, respeto por el hombre (el torero), y respeto por el toro.

Había oído hablar de las «espantadas» de Curro, pero nunca había leído nada de lo que Curro «sentía» cuando estaba cara a cara frente a un toro, frente a un miura, cuando se encontraba mirándole a la muerte de frente.

Me quedé impresionada por la plástica del toreo, allí, en aquel silencio…

curroromero

«Curro Romero, la esencia»

Artículo de Antonio Burgos

«Hay tardes… en las que se me pasa el sentido del tiempo, y hasta de la gravedad.

Me siento como volando.

Y hay otras veces que me aplasto ahí, que no tengo agilidad de golpe, que la cabeza no me funciona. Y otras veces en que lo veo todo muy claro enseguida.

Esos momentos en que estoy sacando lo que llevo dentro, el cuerpo llega a no pesarme. Incluso llego a tener una sensación muy rara y difícil de explicar: que no tengo cuerpo, que no estoy allí. Es como una levitación, como si flotara. No hay pesadez ninguna en las piernas ni en el cuerpo, ni en los brazos, todo armonioso. Me emociono mucho, veo que los pelos se me ponen de punta, el oído se me va, escucho los olés y las palmas que van y vienen, como si unas veces estuvieran allí y otras veces no estuvieran, y estuviera la plaza completamente vacía, nada más que yo con el toro. Es una emoción que hace una transformación entera de tí.

Llegas a perder hasta la noción del paso del tiempo, que te parece que el lance que has dado es el mismo lance que vas a dar otra vez, y los muletazos, lo mismo, que siempre son el mismo muletazo. Un muletazo que, como estás a gusto, no se termina, aquello tiene una unidad, una armonía perfecta, sin tiempo, sin peso en el cuerpo, hasta sin espacio, sin sonidos, que los sonidos de la plaza se te van y se te vienen. Y yo soy el mismo de siempre, igual que de chaval, que soy el mismo, que mi cuerpo de ahora es el mismo de entonces, porque no lo siento, nada más que siento el alma, quizá en esos momentos esté toreando con el alma, por eso no siento ni el cuerpo ni el peso de la muleta y de la espada, ni las voces ni los oles, ni nada. Son las muñecas solas las que están toreando, son las piernas solas las que están allí. La cintura sola, flexible, sin gravedad, todo sedoso, todo como una inmensa caricia. El toreo es como acariciar. Torear es convertir algo violento en algo bello, saber que llevas dentro la verdad te da una seguridad enorme.

Esos días ni el capote te pesa ni la muleta te pesa, está todo aquello volandero, rodando. Es una maravilla. Y yo estoy palpando en los genes que eso se está transmitiendo de alguna manera. No tal como yo lo siento, pero de alguna manera se está transmitiendo. Escucho el runrún, y siento los ojos de las gentes en la nuca, en la cabeza, que también está muy alerta, aunque esté todo volandero, se abre todo, el cuerpo se te desgarra como en un cante, todo es como si tuviera otro sentido.

Y en los olés se te van y se te vienen, hasta escucho algunos que me parece que son los mismos olés que yo oía cuando estaba guardando cochinos en el cortijo del Gambogaz, por las tardes, los días de viento, y los traía el aire de Sevilla desde la plaza de los toros.

Cuando yo, al oírlos, soñaba que quería ser torero.»


Una ortografía sentimental

 

Autora: Almudena Grandes

 

Para mí, septiembre es el mes de la melancolía.

Por encima del consolidado prestigio de los meses reflexivos y graves del otoño, la cosecha de hojas secas en octubre, el frío concentrado en las gotas de lluvia de noviembre, me entristecen los anuncios de la vuelta al cole, esas fotos tramposas, alevosamente falsas, de estudiantes felices con carpetas y libros quer campean, como el inexorable filo de la espada más certera, sobre el último sol, las últimas risas conscientes del verano. Luego, cuando la realidad anima la imagen congelada de las fotografías y las aceras se pueblan de figuras diminutas que encorvan los hombros bajo el peso de grandísimas mochilas, los labios apretados, rendidos a una seca expresión de desaliento, sucumbo antes a la remota solidaridad de quien una vez conoció la exacta duración de esa condena que a la provechosa promesa de paz que late en mi mesa, en las teclas de mi ordenador, en mis mañanas de trabajo, en mi propia casa a punto de quedarse vacía de mis propios hijos.

Septiembre me pone melancólica, y resalta las escasas parcelas de mi vida en las que me permito practicar una nostalgia metódica, militante. Yo, que guardo las fotos en un cajón que no abro, para evitarme la tristeza de contemplarlas; que escapo por el dial de la radio de las canciones que bailé de adolescente, para no recordar cuántos años han pasado desde entoces; que sé muy bien por qué me prohíbo ciertas películas, ciertos juegos, ciertos sabores; cultivo, sin embargo, una vieja pasión que tiene mucho que ver con los días de septiembre, con los madrugones y el papel de plata de los bocadillos, con el olor a grafito y goma de borrar que impregnaba unos dedos sorprendentemente pequeños y sin embargo míos. Desde entonces hasta ahora he sido fiel a muy pocas cosas. Una de ellas es la ortografía.

Cuando yo aprendí a escribir, en un proceso seguramente inconsciente, que ahora soy incapaz de reconstruir, decidí asignar un valor sentimental a los signos de puntuación, a los acentos y a los accidentes del idioma en general, obedeciendo a un instinto extraño, que me impulsaba a devolver al español adornos -estorbos, dirían otros- que había perdido hacía ya mucho tiempo. Por ejemplo, no sé quién me enseñó a acentuar los monosílabos, incluidos algunos que nunca habían llevado acento, pero la palabra «ti», sin él, me sigue pareciendo más digna de un señor cualqueira que pasa por la calle que del íntimo interlocutor a quien siempre se asigna. Este fervor, casi patológico, por la ortografía ha ido creciendo en la medida en que nuevas normas, aplaudidas por psicólogos, pedagosos y maestros de primaria, han ido despojando las ramas del idioma de hojas superfluas para los demás, pero absolutamente imprescindibles para mí, porque ahora tengo la sensación de haber conocido una selva fértil y maravillosa, llena de sorpresas, de accidentes, de misterios y de trampas, que se ha ido quedando poco a poco en una urbanización de chalets adosados con calles rectas y paralelas, farolas idénticas y cables enterrados. Ese formidable bagaje de signos que animan un texto sin ser letras eran como las montañas y los ríos, las lagunas y los mares, los puentes y las calles sin salida en el mapa imaginario del idioma de una niña que empezaba a descubrir, maravillada, cómo conseguían leer los mayores. Nunca olvidaré, por ejemplo, la emoción que sentí al aprender por fin en qué ocasiones la «u» se merecía una corona de dos puntitos. Quizá por eso me decidí a procurar emociones de más, aun al precio de tener que inventármelas.

Sigo siendo fiel a esta extraña ortografía sentimental, y siempre pongo un acento en la «e» de fé, porque, sin él, esta palabra no puede designar sino la amarga impostura de un cínico burlón. Y la tristeza que siento al quitárselo, mientras corrijo un texto para entregarlo, es más triste aún cuando llega septiembre y las aceras se pueblan de escolares que maldicen por dentro las palabras esdrújulas para siempre jamás.

 

Fotografía Marcelo Gugliari. Flickr

 


Museo Guggenheim

Museo de Arte Contamporáneo
diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry
localizado en Bilbao (País Vasco)
inaugurado en 1997.


Está constituido por formas curvilíneas y retorcidas recubiertas de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio.

El edificio visto desde el río aparenta tener la forma de un barco rindiendo homenaje a la ciudad portuaria en la que se inscribe. Sus paneles brillantes se asemejan a las escamas de un pez recordándonos las influencias de formas orgánicas presentes en muchos de los trabajos de Gehry. Visto desde arriba, sin embargo, el edificio posee la forma de una flor. Para su diseño el equipo de Gehry utilizó intensamente simulaciones por ordenador de las estructuras necesarias para mantener el edificio, consiguiendo unas formas que hubieran sido imposibles de realizar unas pocas décadas antes.

Dentro del aparente desorden de la envolvente, existe un patrón que rige la volumetría. Este es el empleo en todos sus elementos de la máxima curvatura que soporta el titanio. La Gran Sala, también llamada Sala del Pez, se extiende hacia el este hasta acercarse con un puente que atraviesa la ría de Bilbao, el puente de La Salve, una estructura que ya atravesaba el solar antes de la construcción del museo y a la que éste hubo que adaptarse. Tras éste hay una torre que parece ser la continuación del museo y tiene el lado que mira al puente sin revestimiento.

El museo visto desde el este se ve más ingrávido que desde otros lugares, y se pueden observar extraños paralelogramos curvos y torcidos que conforman la sala del pez. Por lo general, las ventanas del edificio tienen formas más racionales. Gehry es el “rey” del contrapunto. Este término viene de otras artes, como la música, y consiste en contrastar cosas muy diferentes colocándolas juntas en el caso de la arquitectura.
El interior del museo es menos complicado que el exterior, pero también tiene elementos curvos. Aunque en general el interior es muy diáfano.

En el centro del hall hay un enorme pilar. Además, hay ascensores, pasarelas y escaleras que comunican las tres plantas. Las formas interiores del hall no siguen las formas geométricas y tiene partes recubiertas de piedra y otras acristaladas. La sala más grande del museo es la Gran Sala, conocida también por el nombre de la sala del pez, por su forma exterior. Es muy alargada y alberga obras artísticas de enorme tamaño. Hay salas con la planta en forma de pétalo. Casi todas las salas del museo tienen lucernarios que dan una luz cenital muy interesante.

Para escoger el revestimiento del Museo Guggenheim de Bilbao, Gehry se fijó en las plumas y escamas de muchos animales. Observó sus fijaciones y la posibilidad de movimiento que dan. Le interesa mucho los animales y los sistemas que usa la naturaleza para cubrir superficies curvas, similares a las del museo. Decidió usar «escamas» rígidas de manera que se montasen unas encima de otras. La diferencia entre el revestimiento usado y la piel de los animales es que la de estos últimos está adaptada al movimiento mientras que la del edificio no, por lo que ambos sistemas de cubrimiento no son los mismos.

Gehry quiso desde el primer momento que estas piezas fuesen metálicas. Barajó varias posibilidades y finalmente se decantó por hacer las piezas de titanio, un metal bastante caro que contrasta con los materiales económicos usados en sus primeras obras. La aleación definitiva es de cinc y titanio, existiendo una proporción mucho mayor del segundo metal.

Se trata de una chapa cuyo espesor es de un tercio de milímetro y resulta muy manejable. Al ser tan fino, se adapta perfectamente a la curva descrita por el edificio. Cada pieza tiene una forma única y exclusiva al lugar que ocupa.

Información de la Web Oficial del Museo.
Fotografía de cabecera de Texfoto


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Fotografía @mjberistain


Resiliencia

Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada, sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.

Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.

Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman.

¡Cuán importante resulta el enmendar!

Cuánto, también, el entender que los vínculos lastimados y nuestro corazón maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes.

La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud…

La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia —la capacidad de recuperarse— son dignas de llevarse en alto

Abel Cortese