Marguerite Duras

 

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La francesa que escribió lo prohibido, hoy es un clásico de la literatura universal. Convirtió su vida en su propio material literario. El éxito le llegó a los 70 años con la novela “El amante”, ganadora del premio Goncourt en 1984 y traducida a 40 idiomas. El amante deslumbró por la sinceridad que derramó Duras al relatar su intimidad y sexualidad.

Para ella escribir era “aullar sin ruido” y confesar, “borrar huellas”. A eso se dedicó con vehemencia toda su vida.

Marguerite Duras, aunque su apellido real era Donnadieu, nació el 4 de abril de 1914 en Gia Dinh (Saigón), antigua Indochina, hoy Vietnam. Su padre, profesor de matemáticas y colono, murió cuando ella tenía cuatro años. Su madre, maestra, que tuvo otros dos hijos después, se dedicó a cuidar las tierras en una precaria situación económica, y aceptó que, al menos por una vez, su jovencísima hija Marguerite se prostituyera. Una experiencia que dejó una marca imborrable en ella, que alimentó su escritura y empezó a esculpir como en el barro las arrugas de su vida, que luego plasmaría en su obra.

Al morir, dejó tras ella 19 películas y más de 50 textos entre novelas, relatos, obras de teatro y guiones. En su vida no hizo otra cosa que escribir, escribir novelas, cine o teatro, para chillar en silencio contra el olvido. Una vida que estuvo marcada por una dura infancia y adolescencia pero también por su juventud en un contexto político explosivo. A los 18 años Duras se trasladó a París a estudiar Derecho, Matemáticas, Ciencias Políticas y Económicas. Duras se casó en 1939 con el escritor Robert Antelme, autor de “La especie humana”, quien fue delatado y arrestado por la Gestapo en 1942 y llevado a Buchenwald. Ella se enroló también en las filas de la Resistencia y allí conoció a François Mitterrand y a Dyonis Mascolo, con quien tuvo un hijo. También fue deportada a Alemania. Pero una vez terminada la guerra se diluyó en la escritura y el alcohol.

Sus primeros relatos aparecieron en la revista “Les temps modernes”, fueron considerados de tono existencialista pero luego, ya en los años 50, se la calificó como la figura del Nouveau roman.

Toda su obra lleva su carne como nutriente y todo su universo sensitivo, por eso terminó exhausta y con varios comas etílicos. Su escritura depurada hasta el máximo, lírica, muy sintética y llena de música es su sello inconfundible.

Pasó los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1996, con Yann Andrea, su último amante, compañero, cocinero y chófer, 40 años menor que ella y homosexual. “Todos los hombres son homosexuales en potencia, solo les falta saberlo”, escribió Duras. En la actualidad, la obra completa de esta escritora forma parte del catálogo de la prestigiosa colección de La Pléiade, de Gallimard, donde están los clásicos.