Casilda Sánchez Varela

A2-81559901.jpg

 

 

 

 

 

La periodista Casilda Sánchez Varela protagoniza el fenómeno editorial de esta primavera con su primera novela, Te espero en la última esquina del otoño, una gran historia con mimbres clásicos que fabula con personajes inspirados en sus padres, Paco de Lucía y Casilda Varela.

Su padre, Paco de Lucía, siempre le decía: “Tienes que escribir una novela”. Ella, que trabajaba como periodista -fue redactora de TELVA durante diez años-, soñaba con ver su nombre en uno de los libros que le llegaban cada día a la redacción. Pero no daba el paso a la ficción. “Olvídalo todo, deja el periodismo, vuélvete loca, ponte frente a la hoja en blanco y el resto irá saliendo solo”, le insistía él. Pero Casilda no se veía capaz. “Es que no tengo disciplina… Mira, que soy muy floja”, confiesa entre risas. Y cuando ríe, le sale la sal de Cádiz.

Paradójica o inconscientemente, la chispa que prendió su mecha literaria fue la repentina muerte de su padre, hace ahora tres años. Pocos meses después, Casilda dejó TELVA, se volcó con su hermano Curro en el guión de La búsqueda, el documental sobre su padre que ganó el Goya en 2015, y recibió una propuesta de la editorial Planeta para escribir la vida de Paco de Lucía.

¿Qué contestaste?

Que no, que ya había contado todo lo que quería contar de él en el documental, y que necesitaba un tiempo de duelo.

¿Y luego?

A mí lo que realmente me apetecía era escribir algo inspirado en mi madre. Así que me lancé, y a la vez cumplía el deseo de mi padre. Sabía que él era un genio, pero la genialidad de mi madre la he constatado con el tiempo.

¿Por qué es tan especial tu madre?

Tiene una personalidad fuera de lo común. Es valiente, ajena a los convencionalismos. Me fascina su forma de ver la vida. Cuando eres hija de alguien tan admirado y querido como Paco de Lucía, te planteas muchas cosas… ¿Qué admiramos de los demás? Mientras mi padre recibe el Premio Príncipe de Asturias y es aclamado por todo el mundo, mi madre está sola.

¿Eso te molestaba?

Eso me ha generado una necesidad de reivindicar también a mi madre y sus valores, que son los que en muchas familias pasan desapercibidos y en el fondo sostienen el mundo, los que tienen que ver con la sensibilidad, con los detalles, con la generosidad…

Primera página de la novela: A mi madre, mi ideología.

Fíjate lo difícil que es la coherencia en la vida… Pues ella es un monumento a la coherencia. No conozco a nadie que se haya mantenido tan fiel a sí misma y a sus principios como ella, pero sin postureo, sin reivindicaciones. Yo creo que ésta es la novela que a ella le gustaría haber escrito. No conozco una historia de amor como la de mis padres.

Entonces, ¿tu novela es la historia de amor de Casilda Varela y Paco de Lucía?

No, y quiero evitar ese equívoco. Hay conexiones, pero es una ficción. La figura de mi madre está algo más cercana a la realidad, aunque no es su biografía ni mucho menos, pero la de mi padre sólo se percibe en gestos, insinuaciones, en su sentido del humor… El resto es invención. Un lector que no sepa de quién es hija la autora, no descubrirá en absoluto la inspiración de los personajes.

¿Has investigado en la vida de tu madre?

No me ha hecho falta, porque ya me la sabía de memoria. He sido su gran confidente desde niña. Cuando era pequeña, para dormirme me contaba anécdotas de su vida en vez de cuentos: su infancia en Marruecos, su estancia en Irán, donde un general del Sha de Persia se enamoró de ella… Conozco su vida mejor que nadie, pero me ha llevado mucho tiempo entenderla. Tiene una personalidad complicadísima, llena de giros y laberintos. Mi padre siempre decía: “Me volví loco tratando de entenderla, ¡me daba puñetazos contra la pared!”.

La pareja protagonista de la novela, Chino y Cora, se aleja irremediablemente.

Mi madre siempre decía que su relación con mi padre hubiera durado toda la vida de no ser por las circunstancias. Tenían una afinidad como yo no he visto jamás. Venían de mundos distintos, de clases opuestas [ella, hija del general Varela y proveniente por parte materna de la alta burguesía vizcaína; él, de una familia humilde de Algeciras], y se entendían de maravilla. ¡El concepto alma gemela existe! Pero tuvieron muchas interferencias. Para mí, seguían estando muy unidos. Hablaban a menudo, incluso cuando ya estaban separados. Sólo he visto reír a mi padre a carcajadas con ella. Mi madre le hacía burla, se metía con él, ¡y mi padre se partía de risa! Ella tiene mucha imaginación, mucho colorido, sigue siendo como una niña. A mi padre eso le conquistaba.

¿Qué interferencias?

Sobre todo, una que también le ocurre al personaje de Chino en la novela: el peso de la fama. El éxito condicionó mucho a mi padre, le obligó a aislarse, con lo que a él le gustaba observar y estar con la gente… No soportaba que le tratasen como a un maestro, la falta de naturalidad le amargaba, le repelían los halagos…

NO CREO EN EL AMOR POMPOSO

Hay una subtrama, en la que teorizas sobre el amor.

Soy socióloga de formación y me inquietan los resortes que nos mueven. Creo que hoy en día los sentimientos están sobrevalorados. Parece que esperamos que todo sean sensaciones de plenitud y de éxtasis, y la vida no es así. Hay una pomposidad cuando se habla de amor que no me gusta. Me hace mucha gracia, por ejemplo, cuando alguien dice: “Yo es que me he separado de mi marido porque ya no sentía mariposas en el estómago…”. ¿Pero qué tonterías estamos diciendo?

¿Qué pensaba tu padre sobre esto?

Era un escéptico respecto al amor, le parecía que el enamoramiento te minimizaba, te quitaba visión de conjunto…

Es curioso, porque Chino en la novela me parece el personaje más romántico.

En el amor hay contradicción. Chino parece un pragmático, pero se convierte en romántico cuando descubre que ha estado toda la vida enamorado de Cora.

¿Qué lecturas te han inspirado para escribir?

Me gustan las novelas que te atrapan por la profundidad psicológica de los personajes. Cada mañana leía unas líneas de Madame Bovary y ya me estimulaba para escribir.

¿Qué ha sido lo más difícil?

La parte que está ambientada en Cádiz. No es fácil evitar el tópico del gaditano gracioso, pillar su deje, su sentido del humor… Mi padre era muy de su tierra, pero era sobrio, profundo, era el pescador, el que hablaba con metáforas.

¿Qué hubiera dicho él de tu novela?

(Imitando su acento gaditano). Esta niña… ¡qué cosas más raras escribe!