El Txapas

Cuando llegaba el verano y mamá guardaba las maletas y los zapatos de cuero bien limpios con crema nivea en el desván, se organizaban encuentros de amigos en el descampado del barrio. Los chicos sacábamos nuestros juguetes a la calle y las chicas se vestían de colores porque también sus madres habían guardado los largos uniformes azules para que los utilizaran el curso siguiente sus hermanas menores.

A mí me gustaba Laura, tenía una larga melena rubia que cuando la aventaba la brisa del sur a mí me parecía que volaban con ella todos mis sueños. Se parecía a mamá. No era la más simpática del grupo, en realidad era la más seria, pero yo no dejaba de mirarla cuando estábamos sentados haciendo corro, porque procuraba ponerme, si no podía ser junto a ella, por lo menos tenerla a un lado para poder verla de vez en cuando mirándola de reojo. La verdad es que no me atrevía a hacerlo de frente. Mi corazón latía más fuerte cuando ella salía a jugar con nosotros. De vez en cuando nuestras miradas se encontraban y me sonreía con sus ojos azules brillando, el problema era que a veces, en vez de a mí, yo le veía sonreír de la misma forma a mi hermano, pero yo pensaba que solo era porque en realidad no nos reconocía. Xabi había nacido antes que yo y eso le daba cierto rango, un aire de listo que yo admiraba y le dejaba hacer, aunque no aguantaba que se hiciera más amigo que yo de Laura. Cuando íbamos hacia casa discutíamos pero él negaba que estuviera enamorado como yo.

En el grupo le llamábamos el txapas. No le costaba ningún esfuerzo hacerse querer, era simpático, juguetón, era el que decidía a qué íbamos a jugar cada día; a guardias y a ladrones, o al chorro-morro-pico-tayo-qué, al escondite o a txapas. Lo del pañuelito era lo que a mí me gustaba más porque podía coincidir que me tocara salir corriendo para pillarlo antes de que llegara a la línea central la contraria —porque solíamos jugar chicos contra chicas—. Cuando le tocaba el turno de salir a Laura, me emocionaba verla venir corriendo hacia mí desde el otro lado y, como yo era más rápido, me quedaba tocando el pañuelo sin llevármelo y esperaba, solo hacía un amago de llevármelo para que ella lo agarrara de verdad y se lo llevara corriendo orgullosa hacia su lado. Lo mejor era traspasar la línea centra, perseguirla y pillarla por detrás y que me mirara de cerca sofocada y sonriente. Era la suerte la única oportunidad que yo tenía de tocarla. Cuando jugábamos a txapas las chicas no jugaban con nosotros, se marchaban a jugar a txingos o a la cuerda o a cromos y mi hermano, como sabía que yo me aburría un poco, me regalaba una txapa de las que él había fabricado para animarme. Las txapas de mi hermano eran las mejores, las hacía con cromos de colores de los ciclistas del equipo del Bidasoa. Dibujábamos carreteras y hacíamos montañas con la tierra a modo de circuito que tenían que recorrer las txapas hasta llegar a la meta. El que ganaba la carrera se llevaba de premio una txapa de cada uno del grupo. Muchas veces ganaba Xabi y eso me gustaba porque, como ya he dicho, yo le admiraba y le quería porque después me regalaba a mí la mitad de sus txapas nuevas. Nos queríamos mucho, a veces íbamos al cole agarrados del hombro, yo me sentía entonces tan importante como él.

Aquella tarde Laura se quejaba de que no estaba bien. Mi hermano al levantarse rápidamente del suelo para acompañarla a casa, dio un resbalón en la tierra que nos deshizo la pista de carreras y los dos desaparecieron entre calles. Al cabo de un rato empezamos a inquietarnos porque Xabi no aparecía, se estaba haciendo de noche. Me fui a por él antes de que mi madre saliera a buscarnos. Desde el quinto piso la madre de Laura me gritó que Laura estaba en la cama pero que Xabi se había marchado hacía mucho rato. Pensé que podíamos habernos cruzado por el camino al descampado y volví esperando encontrármelo allí con los demás chavales.

Quise morir cuando ví a Xabi debajo de las grandes ruedas de —lo que años más tarde sabría que había sido— un camión Pegaso 3046 rodeado de gente que gritaba y lloraba, las txapas que él solía guardar en el bolsillo izquierdo de su pantalón estaban esparcidas por el suelo manchadas de gasolina. A su lado vi con espanto a mi madre destrozada por el llanto y, como si hubieran sido macabras pistas de carreras de txapas, las trazas alargadas y negras del frenazo. Hacía mucho frío cuando me acosté en el asfalto a su lado. Quise decirle que le dejaba a Laura para él, que él era el líder, que no era justo que se separara de mí, y le pedí que me dejara a mí ahí debajo del camión en su lugar, y que él corriera a jugar a las txapas porque todos los amigos le estaban esperando.

Total, nadie nos distinguiría…

@mjberistain


Se trata de un tipo de juegos populares que comparten el uso de chapas (tapón corona) o tapones de botella como fuente primaria de recursos. En ocasiones, las chapas se utilizan como simulación de eventos deportivos, como pudieran ser carreras de ciclismo o partidos de fútbol.1​ Las chapas se pueden decorar interiormente con fotografías recortadas de revistas, cromos o dibujos en papel, representando el equipo al que pertenecen.2

  • Se dibuja con una tiza un circuito o camino lleno de curvas,3​ rectas, o estrechamientos. También se puede hacer una “carretera” sobre tierra, usando las manos o una madera. Se marcan con líneas la salida y la meta.
  • Cada jugador coloca su chapa en la línea de salida. Por turnos, cada participante impulsa con un dedo su chapa (diversas técnicas), intentando avanzar el máximo recorrido sin salirse del circuito.
  • Si después de tirar, la chapa queda dentro del circuito marcado, se deja donde está. En caso de que haya salido del circuito, retrocede al lugar desde donde tiró y espera un nuevo turno.3
  • El circuito puede complicarse con pequeños obstáculos que dificulten la carrera,4​ como piedras, palitos, etc.
  • El primer jugador que consiga llegar a la meta será al ganador de la carrera.5

Fuente: Wikipedia


6 comentarios sobre “El Txapas

  1. Un comentario, creo que simpatico, para tu amigo Etarrago,
    Tu mención a la buena pluma de Maria Jesus, me ha recordado una anécdota entre Pio Baroja y Ruben Dario.
    Dicen que un día , Ruben Dario para meterse con Pio Baroja, le dijo lo siguiente “ Pio Baroja tiene buena pasta, se nota que es panadero.”
    Comentario que al parecer que no le gustó mucho a Don Pio, porque le respondió “ Ruben Dario, tiene buena pluma, se nota que es indio.” ….. jajajaja
    Espero que os haya gustado.
    Un saludo y un abrazo.
    Pedro.

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    1. Voy a responderte como lo haría un mago… Todo es fruto (en este caso) de mi imaginación. A ti amigo lector, te toca el papel de interpretar o nó, pero especialmente el de disfrutar si te ha gustado. Gracias mon cher ami por permitirte vagabundear entre mis textos. Me hace mucha ilusión.

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  2. ME HA ENCANTADO, MJB. EL FINAL SIEMPRE CRUEL, ME RECUERDA TANTAS Y TANTAS COSAS CONOCIDAS DE MI INFANCIA AUNQUE EN ESAS IMÁGENES NO HUBO CAMIÓN PERO YO, DE EXISTIR, BIEN PUDIERA HABER SIDO EL QUE SE TUMBÓ EN EL FRÍO ASFALTO.
    ANTES DECÍAMOS: “BUENA PLUMA” HOY DECIMOS, MAGNÍFICO TECLADO, MJB.

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