Dignidad

AUTOR: JUAN CRUZ

“No he dicho a nadie que he estado a punto de llorar”

Este es un verso hondo y antiguo de José Hierro, el poeta; lo incrusta como un testimonio propio en uno de sus poemas más hermosos, Requiem.

¿Qué nos hace llorar?.

Imaginemos esta escena: el músico toca ante las sillas vacías de un bar catastrófico, en una ciudad grande. Él sabe que su música es fabulosa, pero nadie le ha escuchado jamás en serio. Aunque el propietario del bar le amenaza con despedirle si se ausenta, corre veloz a buscar cita con un director de orquesta, el más famoso, que le da la oportunidad de dirigir su propia música ante un auditorio de entendidos estirados. Todos llevan frac y a él se lo alquila su mujer. Le queda estrecho, pero cree que se arreglará mientras dirige una música de bacanal que va ascendiendo ante la mirada distante pero cordial del director, convertido ahora en un espectador.

Tras los primeros compases, el frac se rompe por las costuras, la carcajada es unánime entre los estirados entendidos y, cuando ya el ruido del ridículo es ensordecedor, un buen hombre de la orquesta le dice al oído el origen del desastre. El músico, que hasta entonces había conservado en su rostro la ilusión de los que aún no se han reconciliado con el fracaso, tira el frac destrozado por su propio cuerpo y llora con la amargura de la derrota en el escalón desde el que dirigió su música poderosa. De pronto, el director de orquesta, que vigilaba su debut, se alza sobre su palco, el público le ve evolucionar, hasta que se despoja de su propio frac, lo arroja sobre un reclinatorio y señalándole, le conmina, solidario: “Continúe, por favor”. Sobre el silencio de la sala, los estirados entendidos se despojan de sus propias chaquetas negras y la sesión prosigue como un éxito clamoroso.

No he dicho a nadie que he estado a punto de llorar.

El hombre edifica la gloria a partir del fracaso, la visión de la dignidad con la que se sale de él es lo que nos hace llorar, como si estuviéramos nosotros también en el podio provisional de los perdedores.

Llorar, levantarse y reir: la dignidad.


Un comentario Agrega el tuyo

  1. que ejmplo tan emocional… gracias por compartirlo. abzos y rosas

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