Alfonsina Storni

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Mariposa triste, leona cruel,
Di luces y sombra todo en una vez.

Cuando fui leona nuna recordé
Cómo pude un día mariposa ser.
Cuando mariposa jamás me pensé
Que pudiera un día zarpar o morder.

La pureza pasional de Alfonsina, su naturalidad, casi salvaje, conmueve como sólo pueden conmover las cosas verdaderas y hondas y humanamente vividas…
Escritora argentina del modernismo (1892-1938)

Su obra, considerada como poesía intimista, está dividida en “momentos” amorosos, humildes, selváticos, tempestuosos…

Momentos de la vida aprisionó mi pluma
momentos de la vida que se fueron luego,
momentos que tuvieron la violencia del fuego
o fueron más livianos que los copos de espuma..

VIDA

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta de mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas,
que de domar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

¡Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera!

… Yo pensaría que nació la tristeza después de aquél momento en que algo se logró. Cuando el triunfo de haber gustado la proeza no permite aún crear otra nueva ilusión.

Melancólica y sin esperanza, enferma de cáncer, Alfonsina Storni fue conscientemente al encuentro de la muerte, viviéndola con poética lucidez, al tiempo que reconquistaba aquella pasión que la vida, con sus negaciones, le había obligado a encadenar. En una solitaria pensión del Mar del Plata escribió su último poema: Voy a dormir. Después apurando los más intensos sentimientos, fue a la playa, entregándose a la noche y al mar, el 25 de octubre de 1938. Fue ésta la muerte que el destino le había dejado presentir y anhelar.

VOY A DORMIR…

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides…

Gracias.

Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

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