Jardinero en Jaizkibel

IMAGES ELENA ZAPKE


Autor: MARKWART ZAPKÉ

Gitanos y otros tipos de saqueadores habían esquilmado nuestra parcela de casi cuatro mil metros cuadrados, llevándose la capa de tierra negra y la madera de pino y roble que allí había crecido. Como la tarea de reurbanización sobrepasaba nuestros conocimientos, llamamos por su reputación a un especialista de “Maisons Lafitte” quien elaboró un proyecto “llave en mano”. Cuando yo le recordé que se había olvidado de embellecer también los “Vorgarten” hacia la vía pública, me cortó en seco… “Mais il faut-être plus égoiste, Monsieur Sapké”

Durante años, y en todos los ratos libres, nos entregabamos, Menchu y yo, a cuidar cesped, arbustos y múltiples arriates con Iris Germanica, Crisantemos amarillos, Prímula Veris, Guineanas rojas, Campánulas Carpáticas azules, bordes de blancos “Iceberg”, altas canas rojas y amarillas y rosales de todos los colores y perfumes. Luego las aromáticas y otras que formaban una estructura de larga vida como Boj, Tomillo, Lavanda, Laurel, Cerezo, Evóni-mus, Pitosforo, Desmodium penduliflorum, Eleagnus, Granados, Durillo, Jazmín, además de varios frutales.

Ante este universo botánico yo consideraba que el jardín me reclamaba también en sábado y domingo y no dejé de recorrerlo con carretilla, azada, rastrillo y podaderas, pero resultó difícil compartir estos trabajos con las obligaciones sociales, pues los domingos solían venir nuestros amigos. M.S. arquitecto y su padre J.L. con aspecto de coronel británico, para tomar el té servido en la terraza.

Me zafé con múltiples excusas para volver al jardín y noté, tras mi fuga, la mirada misericordiosa de J.L. (que había tenido un negocio de jardinería) y la más bien despectiva de mi amigo, quien, a la sazón trabajaba en un proyecto de parque público para el Ayuntamiento de Bilbao.

También tenía otros espectadores desde la casa de nuestros hijos, lindante con la nuestra, que recibían a sus amigos alrededor de una humeante barbacoa. Preguntaban por el hombre con gorra y carretilla de ahí arriba pero uno de los invitados se adelantó aclarando, “es el padre de Bettina, forma parte del paisaje”.

Después, me observó otro de los vecinos llamándome “Periko Motxala”, pero no comprendí el significado de este personaje hasta que Mónica me contó que en Azpeitia existe un Belén Navideño con la figura de un labrador, que, movido por agua u otra energía, estaba pegando golpes de martillo o hacha día y noche, sin parar…

Y lo que empezó con el sueño de Alfius en el “Beatus ille” de Quintilius Horatius Flaccus, concluyó también conforme a la predicción del poeta, ya que”

Haec ubi locutus faenator Marcus
Iam iam futurus rusticus,
Omnem redegit idibus pecuniam
Quaerit Kalendis ponere.


Pero esto ocurrió un poco más tarde…
a saber…, en las idus de marzo del año MMVI d.C.

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda,
y no se despierta, como el soldado, al oir la sanguinaria trompeta de guerra,
ni se asusta ante las iras del mar,
manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios
de los ciudadanos poderosos».

le laboureur et ses enfans La Fontaine

Le laboureur et ses enfants

Travaillez, prenez de la peine :
C’est le fonds qui manque le moins.
Un riche Laboureur, sentant sa mort prochaine,
Fit venir ses enfants, leur parla sans témoins.
Gardez-vous, leur dit-il, de vendre l’héritage
Que nous ont laissé nos parents.
Un trésor est caché dedans.
Je ne sais pas l’endroit ; mais un peu de courage
Vous le fera trouver, vous en viendrez à bout.
Remuez votre champ dès qu’on aura fait l’Oût.
Creusez, fouiller, bêchez ; ne laissez nulle place
Où la main ne passe et repasse.
Le père mort, les fils vous retournent le champ
Deçà, delà, partout ; si bien qu’au bout de l’an
Il en rapporta davantage.
D’argent, point de caché. Mais le père fut sage
De leur montrer avant sa mort
Que le travail est un trésor.

Jean de La Fontaine


Dedicado a Markwarte Zapké y Menchu Rodriguez Salis
propietarios constructores de nuestra casa en Jaizkibel.
Con nuestra admiración y agradecimiento.

Metacrilato Serigrafía de Helena Zapké


 

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