La primera palabra

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La primera palabra que escribí fue Amá.

Recuerdo… (?) que conocía su significado. Ahí estaban sus manos para ayudarme a coger el lápiz. Cada letra tenía su propia hechura, así la “a” era como un globo con la cuerdita para sujetarlo apoyada a su lado. La “m” como una pequeña montaña, o como dos montañas juntas, así desde abajo hasta arriba y otra vez abajo, como cuando andábamos por el monte los domingos y cantábamos: “después de un monte otro monte…” Yo pensaba que las emes eran todas verdes. Y otra vez la “a”, aunque ya la habíamos puesto antes.

Era muy difícil coger aquel pedazo de madera tan largo que se me enredaba entre los dedos, tanto que parecía tener vida propia, y unos días las letras me las hacía grandes y torcidas y otro día pequeñas y más retorcidas todavía. Era un descontrol. Yo entonces sabía muy pocas cosas, o eso crería, y no entendía por qué aquél lápiz hacía lo que él quería y no lo que a mí me mandaban que tenía que hacer. Era bien difícil domarlo… porque además, se suponía que yo tenía que meter las letras en una especie de vía de tren que dibujaba mi madre en una hoja blanca. Conseguir que no se salieran de allí , era para nota de sobresaliente.

Tuve mis cuadernos, muchos cuadernos a lo largo de mi infancia, como todos los niños de aquel momento. Ahora ahorramos en papel para poder comprar máquinas que al tocarlas, o incluso con sólo mirarlas, son capaces de interpretar y escribir nuestros pensamientos. ¡Es genial!

Pero yo, que soy una de las últimas románticas, añoro los trocitos de papel que han ocupado, arrugados, mis bolsillos acompañando historias de mi adolescencia y juventud e incluso todavía algunas veces. No es que las máquinas hayan llegado tarde, no, de hecho mis dedos vuelan sobre los teclados cuando mi cabeza arde atacada por las garras de la inspiración. (Cómo ha sonado ésto. Bien se hubiera merecido unas líneas en cualquier escrito serio).

Hablaba de los trazos de la escritura y de cuando era niña.

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Detrás de las letras escritas a mano hay historias que vierte la tinta gota a gota. Y la debilidad o la fuerza del trazo distingue la emoción contenida en el recuerdo, a medida que va diluyéndose en la página el sentimiento que lo provoca.

Escribo porque amo.

Escribo cuando la pena me arruga el alma. Siento entonces cómo también se arruga la vida en mis dedos. Tiemblan mis manos cuando las palabras fluyen despacio hacia el refugio de la página en blanco, como buscando el alivio.

Escribo porque vivo muriendo a cada rato cuando se apodera de mí el látigo de las ausencias que no debieron partir tan pronto.

Escribo cuando vivo la distancia de lo amado y hay una quietud en el ritmo del mundo que acecha por los relojes, y se disparan todos los resortes de la impaciencia.

Escribo cuando siento el poder maltrecho de las ideas que no encuentran camino, que se acobardan ocultas en la inmunidad de la nada, mientras hay vidas, millones de vidas que las reclaman.

Escribo cuando el mundo sofoca la muerte de los valientes o de los desesperados, a cielo abierto, en tumbas que se esparcen por los jardines del espanto.

Escribo cuando el desencuentro se hace sitio entre los labios, con sigilo, y enmaraña los lazos de amistades marchitas.

Escribo cuando el destierro alienta por las calles a aquellos que no tuvieron nunca refugio y huele a despecho envenenado por las esquinas.

Escribo cuando las madres muerden trozos de tela del paisaje corrupto donde encontraron sus hijos el camino sin retorno, hacia el silencio infinito.

Escribo…

Cuando hay religiones que matan.

Cuando veo hombres y mujeres, niños corriendo por las alcantarillas de la violencia, salpicados de miedo.

Cuando veo infiernos que galopan con rojas lenguas ávidas, por los bosques del mundo.

Y, cuando no concilio el sueño porque no me cabe tanta desilusión en mi maleta y no sé cómo continuar este Viaje…

M.J.B.


2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. No se si conoces el artículo que escribió Félix Romeo sobre este asunto. Te dejo el enlace por si te apetece leerlo: http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=400 Saludos.

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    1. mjberistain dice:

      Gracias Santiago, aprecio mucho tu detalle de “abrir” puertas al conocimiento de otros autores interesantes. Un abrazo.

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