¿Dónde estaban los dioses?

imagesNepal donde estaban los dioses

Se escucha… pero ya no se oyen los gritos. 

Ha pasado una semana y ya no se oyen los gritos entre el polvo y las piedras a los que se ha quedado reducido el mundo desde que la madre Tierra se estremeciera recuperando, en un estertor de muerte, lo que le había sido dado por Naturaleza…

Silencio… de siete mil gargantas invadidas por el beso letal de un aire inmisericorde y el peso de las ruinas de un país entre sus brazos, impedidos, que no pudieron elevar esta vez su rezo a los dioses de todas las religiones.

Silencio… de diez mil supervivientes -si es que se pueden llamar supervivientes- que deambulan rotos por los caminos de la caridad de personas que, con el recurso de su amor y poco más, se han quedado a su lado para darles luz con su mirada, calor humano con su abrazo, agua de sus lágrimas, contenidas, para poder llegar a más necesitados…

El país también está roto. Sus montañas rugen todavía. El ruido bullicioso de Kathmandú hoy suena a pánico.

imagesNepal teñido rojo

Desde su pedestal de desarrollo se apresuran los países a prestar atención al drama y puntualmente destinan sus ejércitos de élite para aliviar la situación. Ayuda humanitaria inmediata para una población que vuelve a ser polvo en la Tierra de donde procede.

imagesNepal ruinas

Pero el esfuerzo no tiene medida. El esfuerzo no puede medirse con el tiempo -cada segundo es vital-, ni con la fatiga desesperanzada de las manos desnudas buscando entre los escombros. No tiene que ver con el colapso del corazón, también superviviente ante la magnitud del caos. El esfuerzo es vida compartida que se ofrece en puñados a los afectados; es sostenerle la mano y la mirada a un moribundo, es limpiar el polvo mezclado con la baba de los labios de un desconocido despojado de identidad para siempre; es andar descalzo en el mar de fluídos con el color de la sangre. Es no gritar de angustia e impotencia cuando se apaga la luz del día y sabes que no hay descanso posible y que tu vida, a partir de ahora, tendrá una imagen fija de devastación en el escritorio de tu conciencia.

imagesVoluntariado

Y yo, con mi conciencia hecha trizas, desde aquí, impactada pero quieta en la superficie de las piedras que cubren vuestras fosas, con una flor marchita entre las manos, sin impaciencia, con los ojos vendados a una luz que daña porque quizás no la merezca, y con mis labios cerrados, porque no tengo tampoco palabras ni justas ni suficientes para tanto daño, sólo acierto a rezar en silenciosa gratitud, en un idioma que desconocía hasta hoy, en homenaje a todos mis hermanos que se desviven allí en el corazón de Nepal.

imagesNepal niños 2

M.J.B.

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