Un nuevo lenguaje íntimo


Hoy tengo ganas de jugar.

Escribir un “Diario” es un arte. Y una conversación infinita contigo mismo y con el mundo.

Escribir cartas era un placer íntimo destinado a la persona que amabas o que despreciabas. O era una llamada de atención en un momento delicado de tu existencia. Podía ser el anuncio de una visita de largo recorrido a un amigo. O acaso el lenguaje de un negocio emprendido en ultramar. En fín, que la comunicación se realizaba por carta porque no era posible, en todos los casos, tomarte un café con la persona con la que deseabas tener una conversación. El mensaje que llevaba nuestra carta podía tardar entonces en llegar -como diría Sabina- catorce días o quinientas noches…

Todo es distinto hoy. Nos inventamos signos abreviados para decir “Te quiero”, para decir “sigo pensando en tí”… Y la inmediatez tecnológica consigue el milagro de que el viaje de tus mensajes no dure más de escasos segundos. Esta circunstancia nueva lo hace todo un poco más efímero. Da vértigo. Es como si los sentimienos tuvieran una fecha de caducidad más próxima, y eso es inquietante.

El mundo avanza espantosamente rápido y todo envejece y se convierte en obsoleto al minuto de ser descubierto. Siento que vamos todos corriendo, persiguiendo el sueño de la inmortalidad a la velocidad de la luz y, sinceramente, es más difícil disfrutar del camino así, a toda prisa. Ya la vida es corta… Yo necesito un poco de por favor.

Slowly fué una canción de Aute que me gustó.

Leonard Cohen es un maestro del sosiego con el que me entiendo bien. Juega con las pausas, con los silencios, hasta con la tristeza de sus ojos que también cantan.

Pero no estaba hablando de música ahora, aunque es una de las formas más bellas que existen para entenderse. Un pianísimo extremo estremece. Unos arpegios hieren..

Hoy quiero jugar a entendernos, como niños.

Quiero jugar contigo a inventarnos signos que vuelen inalámbricos, y me acerquen al aroma con sabor a susurros y a café de tu cuerpo, a la luz agriculce habitando la hiedra solemne de tus ojos. Al tenue silbido de los silencios…

Ahora, que soy como una lágrima en equilibrio, quiero que vuelen inalámbricos los signos; que te lleguen, que me lleguen, y dejarlos que aniden en el bosque de los calendarios infinitos con su melancólico ritual, que solo nosotros entenderemos.

(?) – Dirá, “¿te acuerdas?”


 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. mikelvt dice:

    :] dice…GRACIAS!

    Le gusta a 1 persona

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